viernes, 20 de marzo de 2015

El estrés que me descojono





El otro día hice un curso obligatorio, of course, sobre manejo del estrés a la salud de Enaire.

En mi casa, que ahora tenemos teleformación-en-tus-días-libres-mira-tú-qué-bien.

Nunca el concepto de día libre fue de tan libre interpretación (ni de tan libre disposición que te lo quitan cuando quieren y sin avisar), aunque ya empezamos practicando con las noches de un día que empiezan a las once p.m. y terminan al día siguiente en el calendario de todo el mundo menos en el de Enaire, para quien las siete de la mañana del día siguiente pertenecen al mismo día de las tales once, de modo que, por el mismo precio, tu día siguiente-libre-cómo-no-con-siete-horas-menos, para Enaire es un día entero al que no le falta nada.

El caso es que, al terminarlo, pensé escribir un mail del tamaño de una alfombra con copia a todos los mandos de la empresa para poner en su conocimiento la revelación que tuve nada más terminar, a saber: todo lo que genera estrés en mi trabajo viene de Enaire y nada de los aviones.

Qué ironía tan fina la de esta peña.

Que dicen que descanse...mientras me clavan turnos de flipar, servicios porcojónicos en mis días libres y ciclos de seis días de curro y uno y medio de descanso.

Que me acueste pronto por aquello de respetar los ritmos circadianos que yo no tengo porque haciendo cada día un turno diferente que me cuenten dónde coño están los míos.

Que tengo que estar tranquila en mi puesto de trabajo aunque entren los de RRHH a repartir n expedientes en el relevo y seguir controlando como si tal cosa.

Que mi entorno de trabajo tiene que ser adecuado a mi labor y por eso el año pasado, yo que, básicamente curro mirando una pantalla, tuve cinco conjuntivitis por primera vez en mi vida y este año he metido en la taquilla un colirio que me echo religiosamente dos veces en cada servicio porque la humedad de la sala es bajísima, y no se pueden abrir las ventanas porque no tienen manecillas, que sólo las tiene el de seguridad, supongo que para cumplir con la normativa europea de prevención de ataques de terroristas que se descuelgan desde helicópteros en los centros de control.

Ya me dio la risa histérica con la campaña de prevención de la disfonía del año pasado porque les dije que si tengo problemas de afonía, que en temporada alta me quedo sin voz al final de cada turno, a lo mejor es porque me programan demasiados servicios en una sala seca como el desierto de Atacama.

Resulta que el que hace las campañas no hace los turnos ni lleva equipos de aire acondicionado así que...a mí qué me cuentas.

Eso sí, me mantienen puntualmente informada de todos los percances que voy a tener sí o sí en el curro. A esto es a lo que ahora llaman prevención.

En el tal curso ponen un ejemplo de un controlador que tiene un turno de perros porque se ha quedado remoloneando en la cama, el muy cabrón, que la opción de que haya dormido tres horas, que es lo más habitual ni se contempla, y va a toda castaña a currar y encima fumando. Y claro, llega estresado.

Que le casquen veinte relevos por servicio y le cambien de sector cuatro veces con una configuración imposible tampoco tiene nada que ver.

Pase lo que pase la culpa es del controlador, que es a lo que se dedican ahora mismo con una devoción asombrosa tanto Enaire como la muy independiente AESA.

Eso sí, sin poder remediar ni una sola de las putadas que le endiñan mientras es el único responsable de estar en perfectas condiciones de revista a todas horas.

Y todo así.

Para Enaire el controlador no es un trabajador, sino un enemigo a destruir. Y se nota mucho.

Y da mucha pena y bastante vergüenza.

Que digo yo que para prevenir el estrés lo mejor es que no te lo provoquen, pero en toda la empresa este punto de vista tan obvio sólo lo tiene servidora.

Luego me encuentro con que ahora, al entrar a currar me exigen que firme que he leído un briefing de cinco páginas en arameo del que me interesan realmente tres párrafos, que son los que afectan a la operación ese día...sólo que no lo sé hasta que lo leo entero, empresa que requiere exactamente cincuenta minutos enteros (lo he cronometrado), de mi supuesto descanso, obviamente.

No sé qué pasará si un día cruzo fatal dos aviones y el juez me pregunta si había descansado antes (que es obligatorio) y yo le digo que no porque estaba leyendo el briefing.

Supongo que podría entrar a currar a las seis de la mañana para poder leerlo pero entonces incumpliría el RD 1001 de descanso entre turnos.

Va a ser que la culpa la tengo yo porque no acabo de entender las dificultades a las que se enfrentan los gestores de Enaire cada día. Probablemente.

Barrunto todo esto mientras firmo, relevo, controlo y me persiguen para que firme en la hoja que dice que me doy por enterada del contenido del briefing, a lo que me niego sistemáticamente hasta que lo leo entero.

Todo esto para que alguien quede eximido de su responsabilidad y si hay algún marrón me caiga entero a mí. Again.

En fin, no sigo porque me duermo a mí misma.

El caso es que, de resultas de todo esto y unas cuantas cosas más, ahora, cada vez que me dan un curso o me imponen la enésima norma-más-absurda-que-la-anterior-para-cubrir-las-espaldas-de-alguien-si-pasa-algo, en mi cerebro resuena todo el rato una canción.

No lo puedo evitar, doctor.

Debe ser la forma que tiene mi subconsciente de expresar cómo me siento frente a todo lo anterior.

Y la desazón que me produce ver a lo que ha quedado reducido el control aéreo y la importancia que se le da a todo lo irrelevante y viceversa.


1 comentario:

  1. Compañera, tienes toda la razón, seas de convenio que seas

    Las Coberturas Obligatorias de Servicio en AENA/Enaire o el Mobbing Laboral legalizado
    http://www.csif-aena.com/2015/03/coberturas-obligatorias-de-servicio-mobbing-legalizado.html

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