jueves, 20 de noviembre de 2014

The bloody armario






Llevo toda la mañana intentando colocar mi armario.

Dicho así parece sencillo, pero la realidad es que ni de blas.

Por razones que no vienen a cuento os diré que tengo exactamente dos metros de barra para colgar ropa. Toda la ropa.

Bueno, miento. La de invierno, que la de verano está debajo de la cama reducida a un par de lonchas asombrosas en unas bonitas bolsas de ésas que pegas a la aspiradora y se encabritan de tal manera que para ponerlas planas hay que pasarles una apisonadora.

El caso es que yo, que no me pongo faldas porque no tengo...he encontrado solamente cinco que ni veía de lo apretujadas que estaban.

Tengo vaqueros de hace quince años, que si quieres cargártelos tienes que darles unas puñaladas, de modo que he contado exactamente veintidós.

Prendas varias que me caben en un brazo sí y otro no, a pesar de que peso lo mismo desde hace años.

Y otras francamente descocadas con las que ya...como que no me veo, la verdad.

Más zapatos que Imelda Marcos, y de tacón, que yo no uso. Supongo que por eso se han conservado durante tanto tiempo.

Chaquetas de cuero...una de cada color y de diferentes siglos también.

De los bolsos mejor no hablo porque ni paso el CIMA si lo cuento.

En fin...

Pasan cosas acojonantes en los armarios, como por ejemplo, un extraño movimiento centrípeto que hace que una ponga los zapatos en cajas y tenga que quitar los bolsos para ponerlos en su sitio.

Paso luego los bolsos a cajones que previamente he vaciado de jerseys.

Pongo los jerseys en los bonitos organizadores de zapatillas de deporte de IKEA porque es la única forma de ver lo que tengo y usarlo.

Me como las zapatillas y tres cajas llenas de fotos que probablemente acabarán en un contenedor y de aquí irán a casa de alguien de nuevo.

Todavía recuerdo el bonito mueble zapatero que dejé hace unos años y que al poco tiempo encontré en casa de una vecina haciendo de macetero.

Lo cachondo del asunto es que le dije que lo había pintado yo misma y acto seguido lo metió en casa por si me daba por quitárselo o algo.

Por cierto que, yo que pensaba que estoy fatal de jerseys este año, resulta que tengo dos cajones llenos.

Ahora que, por fin, están en los organizadores de zapatillas, podré usar los cajones libres para ver mis camisetas, que normalmente son un barullo que sale despedido del cajón cada vez que lo abro.

Et ainsi de suite porque todavía no he acabado.

El caso es que a estas alturas de la mañana puedo decir, sin temor a equivocarme, que soy capaz de ordenar en media hora todos los contenedores del puerto de Barcelona sin hacer ni un esquema pequeño.

Y que estoy hasta la coronilla del armario también.

2 comentarios:

  1. Se te echa de menos. Antes eras más prolífica.
    Una pena.
    Cuídate

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  2. Pues no veas como tengo yo el disco duro, a ver si sigo tu ejemplo :o)

    Es cierto que se te echa de menos, muchos ánimos

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