martes, 23 de julio de 2013

El Expediente Warren





Como todo no van a ser truculencias, vamos a escribir un poco sobre otras hierbas, que ya va tocando.

El otro día hacía en Palma un calor tan acojonante, que servidora, que pese a ser tan millonaria como Kühn pero no tanto como Partner no tiene aire acondicionado en casa, decidió ir al cine porque era el único sitio en que se podía parar un poco.

Por cierto que he pasado de ganar 360.000 de media a 500.000 como hecho probado y ahora un 550% más que no se sabe qué empleado de AENA porque fijo que no es ninguno de los jefes, que ganan bastante más.

Y sigo sin aire acondicionado. Tacaña soy joder.

Sigo que me despisto.

Y no, una playa hasta las trancas de peña con un sol del recopón no es una opción...a no ser que haya tiburones, que entonces es divertida.

La única peli cuyo horario me cuadraba con el curro, que me tocaba noche, era la del tal Expediente Warren.

Os diré que fui a ponerme en la cola para sacar una entrada y me saltaron encima una tía horrorosa y su increíblemente hortera novio, que ocuparon por el morro mi sitio entero mientras me miraban desafiantes de arriba a abajo.

No tendremos curro en España, pero mala educación nos sobra por todas partes oiga.

Seguro que estos son los que se pasan toda la peli pelando pistachos y hurgando en bolsas de plástico.

Vamos que los que se quejan de que la peña no va al cine debería empezar por dejar a estos mendas en la puerta y la cosa cambiaba fijo.

El caso es que yo soy como la de Tomates Verdes Fritos, así que les eché una sonrisa monísima y me fui a la taquilla de la sala VIP, en la que no había ni dios.

La chulería me costó diez pavos, pero qué gusto me dio.

Y me dieron una coca-cola y una bolsa de chuches además de una butaca de puta madre en una fila en la que no había ni dios :-)

Qué felicidad.

Hacía mil años que no veía una peli de terror, y hay que ver cómo ha cambiado la cosa.

Entre los efectos especiales, la cosa del sensurround y las gafas de ver de lejos-todo-son-miserias-joder, la experiencia es acojonante.

Total, que me cagué viva con los espíritus chungos, y mira que en AENA hay un huevo y debería estar curtida ya, y con los exorcismos y las posesiones y la de dios, que antes había un fantasma por peli y en ésta había una bruja ahorcada, una madre asesina, no sé cuántos niños muertos, muñecos diabólicos, pantano tenebroso, árbol maligno...Ufs.

Sobreviví a la peli...pero casi la palmo al salir.

Resulta que la salida de emergencia de la tal sala VIP es un pasillo muy estrecho con un montón de escaleras.

Empiezo a bajar medio beoda, que me había quitado las gafas...y oigo unos golpes rítmicos...como los de la peli.

Y pienso: será el cabrito del acomodador que está haciendo la gracia.

No veo a nadie.

Me flipo.

Oigo jadeos y de tó. A mis espaldas, que es donde más mosquea.

Casi me mato bajando las escaleras mirando para atrás, que llevo una prótesis en el cuello y más de noventa grados no gira.

Por fin llego a la puerta...la abro...y me cae encima de los pies una niña con piernas ortopédicas que acababa de tropezar.

Hay que joderse, de verdad. Me llevé un susto de muerte.

El ruido que oía eran las muletas de la cría porque al mendrugo del padre sólo se le ocurre ponerla a dar paseos ¿delante de una puerta que se abre hacia fuera?

En fin, que tuve lo que podríamos llamar una experiencia de terror global :-)

Como si no me llegase con ir cada día al curro.

Si eje no aprendo...





4 comentarios:

  1. Esos hombres que luchan un día y son buenos... esos otros que luchan un año y son mejores... incluso esos quienes luchan muchos años, y son muy buenos.... y especialmente los que luchan toda la vida, esos que son los imprescindibles... cuando hablamos de doña Cristina Antón, se ponen de pie y se quitan el sombrero.

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  2. Te recomiendo que veas Mamá... es otro nivel.

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  3. He visto el trailer y me se han erizado los vellos corporales todos...

    Uffffssssss

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  4. Joer Cristina, vete pal centro comercial y lo flipas en las aproximaciones que hace la peña a la caja. Por no hablar de la rodadura con nenes en los pasillos de los postres, el estacionamiento en stands plagados de chuches o la pérdida de slot por parte del listo que pone el carro en la caja y se va a por harina. Por cierto, ¿nunca has solicitado en caja una declaración de emergencia por falta de paciencia?

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