viernes, 5 de julio de 2013

Cosas que pasan en los aeropuertos




Me ha dicho Wert querido que si hago bien esta redacción me cambia de curso con beca y con las tres que me han quedado para septiembre, así que allá voy. Me ha costado convencerle porque él no quería, pero mis amigos del PSOE han puesto el grito en el cielo para variar y con su usual falta de criterio...de modo que aquí estoy.

Siempre me han gustado muchísimo los aeropuertos...a la ida...porque significan que me voy y eso me chifla.

A la vuelta son más bien un incordio porque no se terminan nunca. Especialmente la conexión desde Barcelona a Palma, que son unas cuantas horas justo cuando ya no puedo más.

Me gustan sobre todo los aeropuertos del mundo mundial, en el que no incluyo a España porque este país se ha vuelto no sólo insufrible sino también inclasificable.

Mola fumar en un jardín tropical en el aeropuerto de Singapur, leerse todos los libros de las mil librerías que hay en el de Bali, congelarse en Dubai, sentarse como un fakir en el más feo del mundo, que viene siendo el de Doha, la madre que los parió, perder el culo por los pasillos y ponerme ciega de pasteles en  los de París, que me encierren en Miami, que me hagan perder mi conexión en Houston por culpa de las medidas de seguridad más absurdas del planeta o que me destrocen las tibias con un masaje de reflexología en Makassar.

Además me chifla estar rodeada de gente que habla idiomas que no entiendo. De gente diferente. No sabría explicar la razón...pero me encanta.

En cuanto a las cosas raras que te pueden pasar en un aeropuerto...os podría contar mil, pero creo que me quedo con tres.

No hablaré de los vuelos que me han cancelado o las maletas que me han perdido porque me ha pasado tantas veces que me duermo sólo de pensarlo, así que prefiero recordar otras que al menos...son curiosas.

En la primera, la protagonista es una señora idéntica a Woody Allen, que me paró muy seria en Barajas para preguntarme:

- What airport is this?

A lo que yo contesté sin pestañear:

- Barajas, Madrid, ¿ha habido suerte?

En la segunda, el avión en el que yo volaba embarcó a última hora un pasajero más que interesante, un miembro del gobierno de los importantes, tanto que desviaron un B737 entero a una islita que nadie sabe cuál es ni dónde coño estaba para inspeccionar unas minas supersecretas.

Y como todo era tan misterioso y tan restringido, nos bajaron a todos los pasajeros y nos encerraron en una jaula que había cerca de la terminal mientras Fulanito inspeccionaba sus cosas...y nosotros contábamos por docenas los mosquitos de la malaria que nos sobrevolaban sin parar. En realidad a mí me los contaban porque yo hace tiempo que sin las gafas de cerca no veo un mosquito ni de blas.

Fue todo muy emocionante porque ninguno de los presentes tomábamos las pastillas que ayudan a prevenir la malaria, más que nada porque en nuestro destino original...como que no había.

Al cabo de unas horas Fulanito volvió y por fin pudimos pirarnos.

En la tercera estábamos mis compañeros y yo en el curro y de repente aparecieron un montón de tipos vestidos de calle pero con pistolas, y muy amablemente nos informaron de que nos estaban militarizando.

Lo mejor de todo fue el comentario que uno de ellos le hizo a otro:

- Pero tío, si esta gente es de lo más normal ¿qué estamos haciendo aquí?

Lástima que no me avisaran con tiempo para ir vestida como hubiera requerido semejante situación, que me pillaron en vaqueros y con los pelos de cualquier manera y esto sí que no se lo perdono.



2 comentarios:

  1. Jajajaaaajajajaaaaa !!! .... I agree with u.
    En los Aeropuertos , sobre todo en los servicios nocturnos , .... puede pasar de todo. =D

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