domingo, 31 de marzo de 2013

Verano Azul en pleno otoño



Me ha dicho mi terapeuta que es bueno hablar de los traumas de una y, aunque no voy a ninguna terapia pero sí a clases de Muay Thai desde entonces, he decidido que le voy a hacer caso, así que hoy os contaré mi atraco.

El de Pepiño no, que ya os lo sabéis, el siguiente.

El día ya empezó malamente pues, para variar, tenía en el cuello un tirón de esos que no se salta un gitano ni con pértiga.

Me fui al fisio del gimnasio, me recolocaron morolés y para seguir triunfando, al ir a sacar el coche del parking le di un leñazo sin querer a un bonito Audi blanco que tenía detrás.

Como no encontraba las "gafas del serca" como las llama un colega cariñosamente, acabé a cuatro patas escaneando el coche con la napia pegada al chasis para ver si le había hecho algo.

Al cabo de un rato decidí que era mucho más práctico escribirle una nota al menda que seguir dejándome las rodillas, así que le pedí un papelito al vigilante y lo dejé en el parabrisas con un perdón por las disculpas y mi teléfono es tal: llámame si ves algo que no haya visto yo, que es bastante probable.

Meditando sobre éste y otros asuntos llegué a casa en ese modo "he-llegado-y-ni-sé-cómo-ha-pasado" con el que conducimos todos la mitad del tiempo, y que hace que mogollón de veces mi piloto automático me lleve al aeropuerto cuando lo que quiero es ir a Andratx.

Entré en el garaje, aparqué, me bajé del coche y empecé a buscar las llaves de la puerta, cosa que tiene un nivel de dificultad como de quinto dan en un bolso como el mío.

Estamos hablando de las dos de la tarde y de un edificio en el que vivimos sólo como noventa vecinos.

Y justo en ese momento noto algo raro, levanto la vista y descubro, perfectamente cuajada, a un menda vestido talmente como Chanquete, o sea, con pantalón corto, barriga y camiseta de rayas, con el casco de la moto puesto y una pistola en la mano que se abalanza sobre mí.

Antes de que me dé tiempo a decir esta boca es mía y el bolso y el reloj también cabrón, me atiza dos culatazos en la cabeza que hacen que me caiga redonda al suelo mientras me pide histéricamente las llaves.

Os aseguro que en ese momento pensé que había pasado a una dimensión paralela en la que el tal Baumgartner había saltado en la estratosfera pero acababa de caer en mi casa.

Vestido de dominguero de los que ponen mesas plegables pegadas a la carretera en la Casa de Campo para comer tortilla con la parentela.

Con pistola.

No me digáis que no es pa flipar.

En fin.

El menda se llevó el bolso, las llaves del coche y del garaje y ya puestos el reloj, que me jodió que ni te lo crees porque era monísimo. Espero con ilusión que se muera de cáncer quien coño lo lleve puesto.

El resultado del evento fueron dos chichones de puta madre en la cabeza, una fisura en una mano, la rabadilla hecha un fistro y un ataque de mala hostia como el sombrero de un picador, que ya me va cargando que me dé todo el mundo en el mismo sitio...a saber, yo no paro de currar para que venga un  ministro indocumentado y haga con mi vida lo que le da la gana o, en su defecto, para que me robe un cretino gorrón que debe pensar que no tengo nada mejor que hacer que ganar pasta para que él se la lleve.

Tengo que decir que los chicos de la policía se portaron mejor que bien, que a los tres minutos de llamar había dos municipales y tres nacionales en mi puerta, me llevaron a urgencias, esperaron y de allí  me llevaron a la comisaría para poner la denuncia.

Y esa misma tarde los del grupo de atracos, que son divinos también, estaban en casa viendo las cintas de las cámaras de seguridad, que ya os he dicho que hay mogollón gracias a los vandarras de mis vecinos.

Nunca pensé que le estaría agradecida al que tira las cáscaras de plátano por la ventana :-)

No os imagináis lo divertida que fue esa tarde con un dolor de cabeza como un piano de cola: llama al cerrajero, cambia las cerraduras, lleva el coche al parking del curro que está vilgilado porque sólo falta que te lo roben también y el hijoputa se ha llevado las llaves, avisa a los vecinos de que hay un chorizo suelto con todas las llaves del portal y del garaje, pide documentación nueva, cancela tarjetas, médicos, policía...la de dios.

Y, aunque os dé un ataque de risa, hasta fui al parking del gimnasio a dejarles mis datos a los de seguridad porque se me caía la cara de vergüenza de pensar que si me llamaba el del Audi le iba a parecer que le había dado un móvil de truco tipo éste:



Al cabo de un mes o así salió la siguiente noticia en el periódico:


Que los han trincado vamos.

Y que se me han puesto los pelos como escarpias al enterarme de lo finos que son, al ver que los cretinos que fabrican pistolas de fogueo las hacen idénticas a las de verdad, que hay que ser canalla, y al descubrir que con una mariconada de éstas te pueden volar la cara entera con la calma. Ni fogueo ni hostias.

El caso es que con este evento he meditado yo mucho sobre esta cosa que siempre le dicen los americanos  en las películas a la policía: encuentren al que ha hecho esto.

Sobre lo bonito que tiene que ser poder llevar armas encima siendo civil, la pena de muerte, etc...

Y sobre el curioso asunto de que siempre tomen el café con la tapa puesta en el vaso, cojan las linternas como si fueran Norman Bates y su cuchillo en Psicosis, y tengan esas puertas tan ridículas con la de maníacos que hay por allí sueltos.

La conclusión es que me la trae bastante al pairo. Qui cir, mola que los quiten de en medio porque ya hay demasiado cansino suelto, pero os aseguro que no consuela ni arregla nada.

Así que ahora entro en el garaje como un puto comando y el día menos pensado mando a un vecino cualquiera a urgencias con los ojos chorreando spray de pimienta porque me ha asustado al entrar.

Y tengo un souvenir precioso para la posteridad, que no todo el mundo tiene grabado su atraco en un dividí y con Chanquete de protagonista.


1 comentario:

  1. No se que harias en otra vida, pero en esta estas pagando demasiao, igual te iria bien probar con el hooponopono o algo asi.

    Podria ser peor, claro, siempre queda ese consuelo.

    Saludos.

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