jueves, 14 de julio de 2011

Matemáticas de EGB y regulaciones para aviones

Para quien no lo sepa, una regulación es un mecanismo por el que se ajusta el número de aviones que pasarán por un sitio en un momento determinado.

Ejemplo: tenemos setenta aviones para despegar en Palma. Son demasiados. Informamos a Bruselas de que sólo caben 30 a la hora y ellos le asignan una hora de despegue o slot a cada avión.

Ahora imaginad que sois gestores de AENA. No queréis que Bruselas se entere de que en Palma (quien dice Palma dice Barcelona, Barajas o el aeropuerto petado que queráis) la cosa va de culo. No reguláis los despegues y le decís al de la torre que saque los aviones cagando virutas sin respetar horas de salida ni nada por el estilo.

Y ahora vienen las matemáticas.

Con buena suerte despega un avión cada dos minutos porque unos van más rápido y otros más despacio,  y oh miserias de la vida, van intercalados, así que a veces el rápido debe esperar para no comerse al lento. Y luego tenemos el problema de las turbulencias que generan los aviones grandes y que bambolean a los más pequeños si van detrás...Esas menudencias...que hay que tener en cuenta aunque joda.

Cuando van por la misma ruta también hay que separalos para que no se monten uno encima de otro. Más que nada porque la pista mide 3,5 km, osea, 2 millas náuticas a ojo.

Una vez en el aire los controladores tenemos que llevar los aviones separados 5nm, luego con una separación de pista no llega.

Pero es que al entregárselos a Barcelona, ellos separan con 8nm. Y a los franceses se les entregan los aviones separados 15nm.

Creo que hayamos hecho EGB hace varios quinconios estas cuentas están más que claras.

Esto hace que aunque el de la torre logre agrupar los aviones por velocidades y tamaños en una gloriosa virguería, que no siempre es posible, y los despegue como churros, a mí no me quede más remedio que parar los despegues desde aproximación porque no me caben. 

Y para darles vueltas en el aire hasta conseguir entre ellos la separación que necesito, mejor se quedan en el suelo. Más que nada porque es más sensato y seguro.

Otra consideración añadida es que aunque yo no ponga regulaciones en tierra para que no se me vea el plumero, voy a conseguir sobrecargar sectores en el aire y se va a montar un carajal. Y de esto se van a enterar las compañías, Bruselas y la Virgen de Loreto.

El libro gordo, te enseña. El libro gordo entretiene. Y yo te digo contento: hasta la clase que viene.

1 comentario:

  1. Algún "menistro" de la esquina del primer cuadrante de España seguramente no lo vió de pequeñito o no sabe contar con los dedos, o cómo va en Falcon tiene preferencia de paso, o miente más que parpadea, o ... yo que sé.

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