viernes, 22 de julio de 2011

El Elogio del Imbécil y un periodista de verdad


Hace ya muchos años que leí este libro de Pino Aprile que hoy quiero recomendar a los que tengáis dos dedos de frente. Los trolls pasad del tema porque no quiero que os dé un derrame cerebral. De momento ya me llega con el cargo de conciencia que tengo por haber secuestrado un avión en diferido.

Y si alguno va a tener los santos cojones de empezar con lo de ¿no nos estarás llamando imbéciles? y toda la mierda del estilito que ponga en el comentario su teléfono y se lo explico en directo, que hoy no tengo humor para chorradas. Yo pago la caña.

El caso es que lo he estado buscando en mi zorrera particular aka libros hasta dentro de la nevera y no lo encuentro. 

Juraria que se lo presté a un amigo aquejado de una fuerte crisis de fe en la humanidad y es posible que no me lo haya devuelto. Creo que lo volveré a comprar porque en los tiempos que corren vuelve a parecerme material de primera necesidad.

También quiero aprovechar la ocasión para recomendaros a un periodista al que tuve el placer de conocer por teléfono el otro día. Uno de los raros periodistas de verdad que aún quedan...y que precisamente por serlo ha tenido que largarse a vivir fuera de España, concretamente a un país en el que existe la libertad de expresión, no como aquí.


Y no dejéis de leer su opinión sobre el Teto Decreto: tú te agachas y yo te la meto.  Verdades como panes aunque duelan señora.

El caso es que lo colgaría en el blog, que además me ha dado permiso...pero me cascan otro expediente fijo así que mejor os lo cuenta él.

La verdad es que si no fuera por este blog, que es de lo más terapéutico, creo que ya habría matado a mordiscos a más de uno y de dos...cientos.

Y volviendo al libro, os pongo un extracto de una reseña que he encontrado en Internet para que os hagáis una idea (para el que la quiera leer entera el link, como siempre al final):


"...¿Por qué?, me pregunté durante mucho tiempo. ¿Por qué hay tantos imbéciles en el mundo? ¿Son mayoría? ¿Por qué están colocados, como piedras en el camino, justo en el lugar en el que provocan que la paralización del correcto funcionamiento de las cosas? 

Al principio no lo entendí, pero dado como soy a la deducción matemática sí que fui consciente de que aquello no podía deberse a la casualidad. Pocas cosas lo son. 

Las cuentas no me salían: era imposible, pese a la cantidad de imbéciles existentes, que todos hubiesen llegado a ocupar cargos de responsabilidad, ventanillas concretas, altares de jefatura. Alertado por la matemática, desde ese momento dejé de discutir, por sistema, con cualquiera que ofreciera signos de imbecilidad: bibliotecas, trabajo, bancos, transportes públicos, bares… 

Evité de ese modo el desagradable trato con imbéciles, que además tiene la consecuencia inevitable de volverte imbécil a ti también, a ti, sí, que duermes ocho horas diarias, que te alimentas de forma equilibrada y que te apareas eficazmente, es decir: tú, que tienes la mente en condiciones.

Sin embargo, no fue hasta hace muy poco que un tipo llamado Pino Aprile me descubrió el porqué de esta circunstancia que todos padecemos. 

Este periodista italiano, en su Elogio del imbécil, propone lo siguiente: la inteligencia ya no es el criterio de selección natural; el Homo Sapiens, una vez que consiguió aumentar su número hasta garantizarse la supervivencia, pasó a necesitar la imbecilidad como arma para seguir poblando el planeta en la cúspide de esta cadena alimenticia que hace que los pollos y las terneras, y no nosotros, estén en los mostradores, despiezados y jugositos. 

Paciente pero muy sarcástico, Aprile narra cómo el Cromagnon se impuso al Neandertal, más dotado que él en capacidad craneal, y da explicación puntual a cómo las muchedumbres necesitan de la imbecilidad para continuar. 

Einstein se preguntó: ¿cómo es posible que casi todo se inventará hace siglos, y que ahora, que somos en número más que nunca, no inventemos apenas nada? Claro, él reflexionó magistralmente sobre el espacio-tiempo, pero no lo hizo sobre los imbéciles.

Aprile nos ofrece ejemplos concretos, algunos muy del gusto de esta página y sus visitadores: los aqueos mandaron a la flor y la nata a morir bajo las murallas de Troya, mientras los menos capacitados, los peores, los más imbéciles, quedaron atrás, reproduciéndose y perpetuando la especie. 

Cuando los héroes regresan a sus respectivas patrias, se encuentran con una pléyade de parientes imbéciles en los que no se reconocen. La guerra, por tanto, es un método que la evolución ha inventado para controlar y mermar la inteligencia.

También el mito de Dédalo nos avisaba sobre el peligro de la excesiva inteligencia. Nada nuevo fuera de los griegos, nuevamente.

Pino Aprile nos revela el porqué de que las jerarquías, los mejores puestos, los de más responsabilidad, estén ocupados, indefectiblemente, por tarados, discapacitados, no aptos, en definitiva. Él muestra como ejemplo a Nikita Kruschev y Gerald Ford, máximos mandatarios mundiales en un momento dado de la década de los setenta. 

Pero el caso es que el asunto va a más, porque si esos dos resultan incapaces, ¿qué me diréis de los que nosotros conocemos? ¿Os habéis detenido a hacer la lista de los que tenemos ahora: Aznar, Rajoy, Zapatero, la ministra del Tabaco y el Vino, Caldera, Manuel Chaves, Bush, Montilla, el jefe del Estado español? 

Es asombroso. Esos tipos, en cualquier pandilla juvenil serían a los que mandaríamos siempre a por tabaco, y sin rechistar, son los que mandan. Por no hablar de banqueros, empresarios, presidentes de clubes de fútbol, presidentes de comunidades de vecinos…

Ya conocéis mi rechazo a la recomendación, pero esta vez, sólo por esta vez, me permito la licencia de recomendar el Elogio del imbécil a todos aquellos que no quieran volverse locos preguntándose insistentemente: ¿por qué hay tantos, oh, Zeus, por qué? 

Me consta que es duro reconocerlo, pero no podemos seguir ocultándolo ni un momento más: la funcionaria que me pidió el número de Seguridad Social, con toda su desmedida estulticia, es la cúspide de millones de años de evolución. 

Bendito seas, Pino Aprile. Me extinguiré callado, leyendo a los griegos, ocultando la mucha o poca inteligencia que mi cerebro de Sapiens haya llegado a desarrollar..."

5 comentarios:

  1. Lo lei hace años y me dio respuestas a cosas que no podia entender... es muy recomendable.

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  2. Sólo las mentes brillantes son capaces de tan fina ironía.

    Palabrita del niño Jesús que encuentro ese libro com me llamo GS2008. Gracias Cristina.

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  3. Podeis comprarlo, así como cualquier otra edición agotada, en

    www.iberlibro.com

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  4. Gracias a vosotros Cristina y Trifero, sólo el prologo de Tonino vala su peso en oro...

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