jueves, 9 de junio de 2011

Por supuesto que se pueden cambiar las cosas, ya lo creo que sí


Hace tiempo ya que escribí esto para intentar animar a mis compis en los momentos más duros del año pasado. El caso es que hoy lo he recordado. Supongo que porque llevo demasiado tiempo leyendo noticias deprimentes en todas partes.

Otro mundo es posible amigos, ya lo creo que sí. Sólo hay que creérselo...y pelear por ello.


La primera vez que fui a Africa, aterricé con mi mochila ni más ni menos que en la costa de Ghana.

No sé si alguno la conocéis, pero es tremenda.

Tremenda porque no hay alcantarillas en los pueblos y la porquería fluye por las calles en todas direcciones.

Las playas son campos de minas, hay una mierda por centímetro cuadrado y no estoy exagerando, simplemente no hay baños.

Hay un olor y unas plagas de mosquitos que tiemblan las paredes del misterio.

Hay gente por las esquinas muriendo de enfermedades que aquí se curan con simples pastillas.

En los mercados había montañas de basura sobre las que trabajaba gente como si fuesen campos de hierba.

Los niños se bañaban en muelles con toneladas de mugre en descomposición. Y por la calle se veía gente con úlceras abiertas y niños con los ojos llenos de moscas.

Me pasé una semana con los ojos como platos, sin dar crédito a lo que veía.

El octavo día me dio un ataque de nervios, de tristeza y de impotencia inmenso y estuve llorando todo el día sin poder parar.

Y el noveno, me di cuenta de que donde yo veía una playa llena de mierda, los niños veían un campo de fútbol.

De que donde yo veía un muelle asqueroso, ellos veían una piscina con trampolín. Y saltaban como locos y se lo pasaban de puta madre.

Y que donde yo veía pescadores dejándose los huevos para sacar del agua unas redes inmensas con poquísimos peces, había grupos de amigos trabajando por un bien común y cantaban mientras lo hacían. Y se tronchaban de risa si te ponías a tirar tú también para ayudarles.

Y me di cuenta de que todos tenían unas sonrisas blanquísimas y maravillosas que te regalaban a todas horas sólo por jugar con ellos un rato o por contarles un cuento.

Y dejé de ver la mierda para ver a las personas, las palmeras, la luz y el cielo.

Y dejé de oler la mugre para oler las especias, el mar, el pescado y la fruta.

Y jugué y charlé con niños y mayores y disfruté como una loca.

Y me enamoré de esta gente que es capaz de juntarse en cada esquina para compartir sus historias y de reír a todas horas viviendo en semejantes condiciones.

Y decidí que así es como quería vivir yo. Y es lo que intento cada día.

Unas veces me sale mejor y otras peor, pero desde luego me niego a rendirme al mal rollo.

Y cuando me pierdo en esta vida oligofrénica que llevamos aquí, vuelvo a Africa y me refresco y me renuevo y soy feliz.

No todo está perdido...hasta en los sitios que jamás imaginarías...hay luz...

9 comentarios:

  1. Y en los sitios más maravillosos encuentras gente miserable... shit happens.. Gracias Cris por hacernos pensar, reir, sonreir y sentirnos orgullosos de ti, de tu valor al dar la cara y decir claro y alto las verdades del barquero.
    Te queremos princesa!

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  2. No tengo nada más que decir que quitarme el sombrero. Gracias por este post.

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  3. gracias Cristina, sencillamente, maravilloso...

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  4. Recuerdo una campaña navideña de apadrinamiento de niños, salían los nenes jugando en el barro y el final del anuncio era una foto fija de una niña, sucia y mal vestida con el mensaje de Acnur..Mi hijo, que era mas o menos de la edad de la nena, le encantaba verlo y me decia.. "mira mama, una niña pobre.. que suerte!! que bien se lo pasa!!... Los niños, que son libros en blanco, tienen razonamientos aplastantes para hacerte ver lo poco que hace falta para ser feliz...

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  5. Por cierto, se me olvido darte las gracias por este post.

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  6. Igualito que la hija de una amiga, que me dijo en el cumpleaños de mi ahijada de unos tres años entonces:

    ¿Tú tienes niños? No
    ¿Estás casada? No
    ¿Y qué haces aquí? Pues también es verdad.

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