viernes, 24 de junio de 2011

Objetivo Madonna 2012


El 1 de noviembre es el límite que me he fijado para estar como un trueno y para ver si de verdad implantan el Real Decreto de descansos y por fin nos dejan dormir algo. 

Porque manda huevos que con tanto estrés encima HE ENGORDADO y no me cabe la ropa de verano y señores...esto es un dramón.

Me probé el otro día un bonito vestido tipo charlestón de los que van ceñidos en la cadera y luego tiene un volantito...y el trozo ceñido no me pasa de la cintura y el volantito no me tapa el culo. Resumiendo: que el vestido se ha convertido en un blusón.

Pero es que mis camisetas han pasado a ser sostenes, un pantalón entero me cabe en una sola pierna y lo siento pero no me va nada bien renovar todo el armario con la que está cayendo.

Joder, es que sólo me valen los bolsos y las pamelas.

Para cumplir mi objetivo diseñé un bonito plan de choque yo también, que no voy a ser menos que el ministro, consistente básicamente en...apuntarme a un gimnasio.

¿Régimen? No jodas, no soporto pasar hambre, me pone de una mala leche estratosférica. Nanay.

El apartado anterior se divide en varias categorías:

- Una serie francamente truculenta de clases de aerobic, subdivididas a su vez en los apartados de: spinning, indoor walking, body combat y body balance. Ahí es ná.

- Unas sesiones de pilates pa estirar los múltiples tellos, que son, como todo el mundo sabe, los músculos que van de los cojones al cuellos.

- Un entrenador personal que me dé latigazos cuando desfallezca. Lo que hoy en día llaman "personal trainer",  porque servidora tampoco va a ser menos que Madonna. Y porque aunque parezca una pijada no me cuesta ni un duro, que hemos quedado en que él me entrena y a cambio yo le enseño a bucear.

El caso es que llego al gimnasio con una preciosa malla de cuando era pequeña, que es la que tengo gracias a Nike (esta cuña publicitaria es gratis), que si quieres cargarte una de sus prendas tienes que prenderle fuego, y sale a mi encuentro mi hombre...con una camiseta naranja puñeta que canta una barbaridad.

Todo el mundo me mira, y yo que soy tirando a tímida digo:

- ¿No podrías ponerte algo...mmm...negro?

- Es que son las normas del gimnasio.

- Jarl.

Vamos a los aparatos. Hay que ver lo que me pesa el culo josmíos. Estoy hecha un fistro. Empiezo a regatear:

- ¿Cuántas me quedan?

- Doce, llevas tres.

- Estás de coña.

- No, es lo que hay.

- Llevo por lo menos seis, no sabes contar.

- Mentira, llevas tres.

- Tú hiciste ESO ¿a que sí? Ha hecho mucho mal a la humanidad.

- Pues no, hice COU.

Cambio de táctica a ver si hay suerte:

- Caray, pues nadie lo diría, se te ve tan joven...

- Déjate de rollos y sigue. Te quedan siete.

Joder, sólo quiero que morimme. Paso al juego sucio de verdad.

- Aaaaaaaaahhhhh, Ooooohhhh, sííííííí, asííííííí, mmmmmmmm, máááááássssssss...

Nos mira todo el gimnasio. Se pone colorado hasta los calcetines.

- ¿Pero se puede saber qué haces?

Yo pongo los ojos en blanco y sigo:

- Aaaaaaaaaiiiiissssss, qué rrrrrriiiiicooooooo, ooooohhhhhhh...

- Vale, tú ganas, nos cambiamos de máquina.

Bien.

Resultado de la sesión: unas agujetas perfectamente incapacitantes durante una semana entera. He tenido que ponerme ciega de ibuprofenos y hasta el sexto día no he conseguido cerrar las piernas por culpa de la máquina infernal que dicen que sirve para reducir mis pistoleras. Un espanto.

Pasemos a la sección aeróbica. Clase de spinning.

Tres cuartos de hora para regular el asiento, que no hay manera. Me quedo con el manillar en la mano de tanto tirar para subirlo. No me ha visto nadie, menos mal.

Empieza la clase. Esto me mola porque la resistencia la pongo yo...y no pongo ninguna, pero sí cara de mucho esfuerzo.

Suena la música a toda castaña, qué subidón. Siento las endorfinas correr por mis venas, mis piernas pedalean infatigables una y otra vez, oigo cómo bombea sangre mi corazón, soy una puta máquina...y se me caen los pedales al suelo. Y no estoy de coña. He logrado cargarme una de las bicis. Qué horror.

Creo que he salido en todas las revistas deportivas del mundo mundial porque el dueño del gimnasio se ha puesto negro y le ha mandado un chuzo de la hostia al fabricante poniéndolo a parir, que las bicis tienen dos días.

Y en las médicas porque tuve que desincrustar mis encantos del sillín con cucharilla.

Decido quitarme de en medio unos días y me meto en clase de body combat, que ya sé que con ese nombre parece una mariconadita...pues es una putada como el sombrero de un picador.

La cosa consiste en dar pataditas y puñetazos al aire mientras saltas de un lado a otro, hasta que dice el profesor: imagina que tienes delante a alguien que te cae fatal. Y aquí la hemos liado.

Me he puesto a repartir con más saña que Mike Tyson, y como soy una sobrada, con cada patada soltaba un grito de esos de ¡Ja!.

Resultado de la primera tabla (eran como seis): trozos de pulmón esparcidos por toda la sala y los ojos en la mano. Me falta aire por un tubo. Es lo que tiene el Marlboro, que te quita el aire el cabrón.

- Perdona ¿está puesto el aire acondicionado?

- Sí claro, si no nos moriríamos aquí.

Yo ya me estoy muriendo...

Sigue la clase y yo empiezo a plantearme seriamente la posibilidad de hablar con el gerente para pedirle que contrate profesores de 40 tacos para arriba, que con un muelle de 20 no hay quien pueda. Alegaré que aunque esté buenísimo, tiene un efecto letal en la moral de la clientela.

Termino la clase como puedo y pasando de la  mitad de los saltos.

Me había apuntado justo después a una clase de indoor walking pero no puedo con mis dientes así que me quedo a una cosa que se llama body balance.

Se va todo el mundo de la clase menos el muelle.

- ¿Das tú la siguiente clase?

- Sí.

Aaaaaarrrrggggghhhh

- ¿Y de qué va?

- Pues son movimientos de yoga, pilates y tai-chi.

Tupendo, esto me saldrá...por los cojones.

Cinco minutos enteros en la postura del árbol, y en la de la grulla loca y en no sé cuántas más, que ya le vale al tal yoga. Estiramientos de potro medieval. Me arden los músculos todos, incluyendo los que no sabía que tenía. Estoy resoplando como un toro y sudando como un pollo.

Al final de la clase mido como diez centímetros más y el tío está super ufano.

Ya le he dicho que después de esto tiraré los tacones.

Y vuelvo a tener unas agujetas en los hombros que tengo que beber con pajita porque me tiembla tanto el pulso que se me cae el agua del vaso.

El balance del asunto es que me he dejado los huevos una semana entera y sigo pesando lo mismo. Y encima me duele tol cuerpo.

A ver si se me está contagiando lo de AENA que por más que hace no va a ningún sitio...Cosas más raras se han visto este año...

6 comentarios:

  1. Espero que esto sea una más de tus divinas exageraciones, pero por si no lo fuera, espero que esos geniales médicos que te han estado revisando, te hayan revisado las hormonas. Yo me hinché del estrés, cuanto menos comía más engordaba, intentaba matarme en el ginasio y el fisio tenía que descontracturarme todas las semanas... conclusión, dejé de pesarme y me compre ropa de dos o tres tallas más. Estaba triste, lloraba por las esquinas, perdía los nervios por un na y menos, no dormía nada... ¿será la menopausia?, me decía yo ignorante de mi... Menos mal que me tocaba mi revisión de gine, le cuento el poema en el que me hallo y como es una tia y es observadora, me mandó con una analitica a ver al endocrino. Resultado: Me había petado el tiroides, al parecer puede pasar con el estrés. Desde febrero estoy tomando hormonas y vuelvo a caber (aunque con algo de dificultad) en mi ropa de siempre, soy capaz de hacer deporte sin quedarme hecha un cuadro y solo lloro con las cosas normales (Marco buscando a su madre y dramones del estilo).
    El estrés enferma, de muchas formas, y no solo del coco, te descoloca todo el sistema endocrino.Si no lo has hecho ya...que te lo revisen.
    Si no es eso...persevera con tu master del universo, al hacer mucho ejercicio a igual volumen pesas más, así que puedes pesar lo mismo pero caber en tu lindo vestido!
    Un beso darling.

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  2. Terelus,

    Que tengo las hormonas divinas te lo digo yo misma. Lo mío es un cabreo como el sombrero de un picador, que estoy hasta el coño de despropósitos...y los que me quedan.
    Y como hay dios que yo hago el espagaz en el 2012 aunque no me salía ni de pequeña.
    Dos besos pa tí.

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  3. Si Cris.. la mala leche es lo que trae.. yo también me puse como una foca.. pero a medida que la mala leche subía y subía hasta que el vaso se desbordó empecé a bajar de peso hasta ahora que ya me ha dicho mi médica que estoy excesivamente delgada.. mas bien el los huesos..al gim no voy ni de coña.. porque soy vaga .. un par de sesiones llamando al programa de ayuda al empleado son más eficaces que el gim.. y son gratis..

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  4. Apreciada Cris.

    Si te sirve de consuelo me gusta como eres y como de claras tienes las cosas a pesar de que en algunas cuestiones politico-sociales (jo, que mal me ha sonado esto...) no estoy muy de acuerdo contigo, pero para gustos, colores.

    Tómatelo con calma y piensa que las curvas son bonitas, te lo dice un motero y con el mayor de todos los respetos.

    Cuidate.

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  5. ¿O sea que ya no me quieres por mi dinero?

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  6. El dinero viene y va... las personas y su alma no. Y tienes razón Cristina, no te quiero por tu dinero sino por ser como eres, una auténtica mosca cojonera contra el poder, los poderosos y sus abusos. Lo más importante para mí es que nos estás avisando de lo que nos va a caer encima, que nos caerá.
    Castos besos.

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