miércoles, 30 de marzo de 2011

Ser buena persona al frente de una empresa es más rentable


Antonio Agustín y Sofía Delclaux publican "¿Hay que ser un cabrón para llegar a director general?"

JORDI ROMEU

- Partieron del empirismo: en vista de que conocían a directores generales que no son cabrones, han tratado de acreditar en un libro que no hay por qué serlo para ocupar ese cargo.

-Sofía: Nos dijimos: «Hay cabrones, pero también hay no cabrones». Y a partir de ahí descubrimos que, además, no ser cabrón es mejor y más rentable en términos económicos.

-Conclusión destilada a partir de sus entrevistas con cinco de esos altos directivos «no cabrones».

-Antonio: Porque están haciendo bien su trabajo. Es mejor desde el punto de vista empresarial generar a tu alrededor un ambiente amigable que un entorno cabrón.

-¿El «cabronazgo» (como lo llaman ustedes) está siempre vinculado a una visión cortoplacista?

-Sofía: En el 99,9 por ciento de los casos el cabrón es cortoplacista, pero no siempre los cortoplacistas son cabrones, porque a veces tienes que tomar decisiones u obtener resultados a corto plazo, y eso no significa que seas un cabrón.

-Antonio: Si uno solo va a su propio beneficio y utiliza a los demás (características genuinas del cabrón), no puede ser «largoplacista». ¿Por qué? Porque al cabo de tres, seis, nueve o doce meses sus colaboradores ya lo tienen fichado. Cuando ven que su talante es el individualismo puro, deja de generar confianza, y eso repercute en los resultados.

-Cuando preguntan a sus entrevistados qué proporción de cabrones hay hoy al frente de empresas, alguno de ellos da un procentaje desorbitado. Es desalentador...

-Sofía: Es absolutamente inquietante. Por eso se habla de péndulo, de cambio del sistema. Igual esta crisis en la que estamos, en la que hemos visto casos extremos que han llegado a la estafa, como el de Lehman Brothers, demostrará que el «modelo cabrón» no es sólido. Igual hay que cambiarlo por otro de largo plazo y más rentable...

-¿Me está diciendo que esta crisis puede ser un depurativo de cabrones?

-Sofía: Sí, pero también puede que en este bache a corto plazo la gente indefensa sea más cabrona. Otro problema es que la gente no sabe identificar bien qué es ser cabrón...

-¿?

-Antonio: A veces creen que ser exigente es ser cabrón, cuando lo adecuado es serlo, si se es transparente en la exigencia. La base es llamar al pan pan y al vino vino. Lograr que tus empleados tengan claro lo que esperas de cada uno de ellos.

-A todos los jefazos «psicoanalizados» les preguntan por los despidos.

-Antonio: De una decisión dura no hay que presumir, sino racionalizarla y defenderla con argumentos. Es más, en un momento dado no despedir a alguien puede significar ser un auténtico cabrón para la empresa, porque estás siendo ineficiente gastando en una persona que no es adecuada para esa posición. Y también es ser cabrón con esa persona, al decirle que es un buen director comercial o un buen delegado cuando no es así. Estás engañando a los dos, a la compañía y al individuo. No se puede confundir no ser cabrón con ser buenista.

-Sofía: Además, no despedir a un ineficiente es muy injusto con el resto de los empleados, porque estás cortando la carrera de otros más capacitados, estás enterrando talento.

-Si algo tienen en común sus «no cabrones» es que el llegar a lo más alto no figuraba en el plan vital y profesional de ninguno de ellos.

-Antonio: No lo habían planificado. En esto son bastante coincidentes. Y el no buscar serlo hace de ellos personas «no trepadoras».

-Sofía: Ambición tenían, pero sobre ella han puesto un trabajo bien hecho.

-Entiendo que el cabrón no asume su responsabilidad: la difiere, la descarga en terceros...

-Antonio: Exacto. Es un repartidor de marrones, desde arriba hacia abajo, sin aportar nada.

 

Consultores (y pensadores) heterodoxos


http://www.abc.es/20110330/economia/abci-contraportada-201103300501.html

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