domingo, 7 de noviembre de 2010

Otras hierbas. El contenido de este post puede ofender la sensibilidad del espectador


No os lo he dicho antes para no asustaros, pero me encanta la criminología.

Me fascina la mente de los psicópatas y de los asesinos en serie. Antes pensaba que me ayudaba a conocer mejor a mis novios, ahora comprendo mejor a mis políticos.

Ya sabéis que los asesinos en serie al principio son un pelín chapuceros. Van probando aquí y allá hasta que encuentran la víctima que más les pone y el método que más les satisface para cargársela.

Uno de mis favoritos se topó en sus comienzos de prácticas con chuchillos varios con una dama que llevaba un abrigo de piel. El hombre con los nervios no logró apuñalarla como toca y la mujer le montó un dios de alaridos de los que hacen época. Afortunadamente se libró.

Años más tarde ya en la cárcel, el menda dijo que no entendía por qué gritó tanto ya que él no iba a hacerle daño, sólo quería matarla.

Supongo que esto es lo que piensa mi querido Andrés Torrecilla cada mañana cuando se acuerda remotamente de nosotros.

Blanco entraría más en la categoría de un dictadorzuelo cualquiera: acomplejado, megalómano, vicioso, un obseso del control...sólo que se le ha ido un poquito la mano y hasta sus propios compañeros le han dicho ¿ande vas? que te embalas...

Dice Freud que estos tipos sintieron un profundo complejo de inferioridad durante gran parte de su vida o bien sufrieron abusos físicos o sexuales. Habría que preguntarle directamente al ministro cuál fue exactamente su caso.

O a ciertos caballeros que ofrecen sexo a cambio de dinero en las calles de ciertas ciudades. Lo ven todo, lo saben todo, lo oyen todo...y cosas de la vida, me lo acaban contando a mí y a todo el que quiera saberlo. 

Lema sería el clásico asesino oportunista, torpe, desorganizado, con un enorme rencor social. Tengo entendido que no puede ver a un controlador ni en pintura. A lo mejor alguno le robó el bocata en el cole cuando era el gordito gafotas y por eso no nos puede aguantar.

Librero equivaldría a la típica colgada que se enamora de un asesino que está en el corredor de la muerte porque fuera no tiene quien le escriba, ni quien la mire, ni quien la aguante.

Todo esto son sólo conjeturas, pero igual que ellos se hartaron de decir que yo ganaba 360.000 euros y no es verdad y me convirtieron en terrorista de la noche a la mañana con todo tipo de infundios, considero que tengo perfecto derecho a pagarles con su misma moneda.

Empezaron ellos, no yo. Yo sólo estoy mejor documentada.

Es muy curioso todo lo que damos por sentado sin preguntarnos de dónde sale.

Hace poco leí un libro muy interesante sobre la historia de la dactiloscopia. Seguro que ni os imaginábais que durante mucho tiempo se pudo asesinar impunemente porque no había ni pruebas de ADN ni forma de comparar las huellas dactilares. 

Tampoco había DNI, ni número de la seguridad social, ni tarjetas de crédito, ni domicilio fiscal, todas las mierdas que nos han puesto a merced del Gran Hermano.

Uno podía ser cualquiera. ¿Eres Pakito? ¿Quién yo? No. Y no había manera de verificarlo. 

Tiempos aquellos, ya me hubiera gustado pillarlos ahora mismo...o no, porque me acabo de leer un ensayo sobre los teatros de disección del año catapún y vale que matar era muy fácil, pero que te curasen la enfermedad más tonta era un auténtico infierno.

Pero he aprendido otra cosa muy interesante, a saber: antes no era nada sencillo determinar cuando estaba uno muerto y mira que parece de cajón.

Los estetoscopios no se inventaron hasta mediados del siglo XIX, y no estaba claro si el corazón de uno había dejado de latir o es que no se oía.

Si a esto añadimos una etapa de acojonantes experimentos destinados a establecer si el alma residía en el hígado, el corazón o el cerebro, os podéis imaginar el pastel. Porque lo que sí estaba claro es que uno se moría cuando el alma salía de su cuerpo.

Y para comprobar que así había sido los médicos diseñaron toda una serie de procedimientos a cual más surrealista: desde meterle al finado un lápiz afilado por la nariz,  cortarle las plantas del los pies con cuchillas, arrancarle los pezones con tenazas, meterle un hierro al rojo vivo por lo que ellos finamente denominaban "la puerta de atrás", hasta estirar acompasadamente la lengua del difunto durante un mínimo de tres horas...

En fin, que más te valía estar muerto de verdad en el momento de la comprobación.

Creo que mis queridos jefes están en esta fase de su experimento. Lo que pasa es que se les levantan todo el rato los enanos.

Finalmente se les ocurrió que lo mejor era dejar el cadáver en la morgue y esperar a que se pudriera.

Y para saber si alguno resucitaba les ponían en los dedos del pie una campana. De ahí viene la expresión de "Salvado por la campana".

En mi caso concreto espero con ilusión el momento en que la tal campanada sea una bala de cañón.

Y también he aprendido que se están poniendo de moda los funerales ecológicos.

Liofilizan tu cuerpo, lo pulverizan con ultrasonidos, lo convierten en abono y lo meten en un bonito cajetín hecho de maicena reciclable.

Luego te pueden enterrar en tu aeropuerto favorito y si tienes suerte te reencarnas en árbol. Si eres ministro te convertirás en alfalfa.

Si es que la naturaleza es sabia...

6 comentarios:

  1. "Un problema digno de ser atacado demuestra su valía devolviendo el ataque". Piet Hein

    Pues eso, ataca, porque valéis mucho, y el problema son ellos no vosotros.

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  2. Primera parte Criminología, en la segunda te afanas con Criminalística. Mi querida Catherine Willows, polifacética eres que seguro que al menos tienes uno de esos dedos binuclear (la leshe). Hace tropocientos millones de años, me dieron un curso de kinesiología: el arte de leer esa mayoría absoluta no verbal de comunicación que usamos con gran sinceridad. No me imaginaba entonces que hicieran una serie de Grissoms correligionarios de la disciplina cuyo título fuera `Lie to me´.

    Besos pal´domingo

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  3. Grissom como ya tú sabes en la vida real equivale a unos diez especialistas distintos.
    Lie to me les ha salido una grandísima mariconada, eso sí Tim Roth es divino lo pongan donde lo pongan...sobre todo en Reservoir Dogs.
    Y lo de leer las mentiras tiene truco: te tomas antes un valium 50 y ni pestañeas.

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  4. Isabel,

    Gracias por los ánimos, la cosa es que el problema son ellos, pero lo tenemos nosotros, jajajaja.
    Pesaditos son oiga...

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  5. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  6. Juanma cariño ¿no te parece un poco cutre utilizar por el morro los blogs de los demás para que conozcan el tuyo que no tiene nada que ver con éste?

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