jueves, 4 de noviembre de 2010

De cómo una bióloga llegó a ser controladora aérea…Y no sé por qué hostias me sale esa ristra de código si al pinchar el post está bien. Carmiña lo dejo eh. Coño.


De cómo una bióloga llegó a ser controladora aérea…

Aquí donde me veis soy la perfecta encarnación del sueño americano.


Jateló, de bióloga a controladora destronada, vilipendiada, arrastrada de los pelos escaleras abajo,
aisss,…Si lo sé no vengo.

Mi madre, que tiene los huevos de corcho, me soltó ayer mismo que ya desde pequeña yo hacía lo que me daba la gana. Y no es verdad, porque de serlo yo estaría ahora buceando en algún paraíso tropical libre de pelmas.


Estamos hablando de la misma madre que me dio ayer mismo también sus deberes de inglés y me dijo: 


- Corrígemelos anda.


Primera frase:


No me gustan los plátanos.


Traducción de mi madre: I don´t like plátanos.


Digo: 


- Coño mamá, así también hablo inglés yo.


- Bueno hija, es que no sé cómo se llaman los plátanos en inglés. No me empieces a putear, que me han dicho que ya tengo un nivel medio.


Cuando tenía cinco años, ya tenía clarísimo lo que quería ser de mayor: neurocirujano.


Claro que analizándolo despacio y viendo mi cara en las fotos, yo creo que lo que en realidad quería era tener un cerebro pinchado en un tenedor. No sabéis la de veces que acabé en urgencias con un tipo sacando un caracol o un botón de mi nariz o un pedrusco de mi esófago.


Me lo comía todo sin importarme que fuese vegetal, animal o mineral. No creo que en aquellos tiempos hubiese tenido el más mínimo remilgo a la hora de comerme un cerebro humano.


Cuando tuve diez años más también tuve clarísimo lo que quería ser de mayor: detective y espiritista.


Me leí todos los libros de los Tres Investigadores, y la colección de novela negra de mi hermano mayor entera. Iba buscando misterios para resolver por todo el barrio. Sospechaba hasta de la panadera.
Detrás de todas las puertas que no se abrían se cocía algo chungo fijo.


También me dedicaba a hacer experimentos con una ouija invocando a los espíritus en una habitación de la abuela de una amiga en la que había muerto alguien.


Nunca tuvimos demasiado éxito. Creo que en parte porque las paredes estaban forradas de pósters de Luke Skywalker, Han Solo y Paul Newman, unos que venían en las páginas centrales del Lecturas, y debe ser que los espíritus prefieren visitar a gente que se los toma más en serio.


Y porque cuando por fin detectábamos una presencia, ésta decía: 


- Niñas, la comida está lista.

Hasta fui a unas conferencias de Jiménez del Oso, vale que me echaron por descojonarme, pero yo fui. Y algo aprendí: el menda tenía una cara como un piano de cola. 


Tuve un breve período en el que también tenía clarísimo lo que quería ser de mayor: miss o cheeleader.


Digo breve porque en España en mis tiempos ni animadoras ni hostias, y para ser modelo me faltaban quince centímetros de pierna y me sobraban veinte kilos. Lo del careto ya ni os lo cuento, pero creo que se hubiera arreglado fácilmente con trece o catorce intervenciones de cirugía plástica, que querer es poder y sobre todo ponerse a ello.


A los dieciocho tuve clarísimo que quería ser océanografa.


Con otros pocos años más decidí que lo que en realidad quería ser era millonaria, porque ya era mayor.


Doscientos trabajos después me rendí a la evidencia y dije, hija, pues te vas a tener que hacer controladora.


Y si me preguntáis qué quiero ser ahora probablemente os contestaría que asesina a sueldo y más joven. Que yo me hubiera plantado en los treinta.


Lo de la neurocirugía se me pasó en cuanto tuve dos dedos de frente y me dí cuenta de que había que empollar como un animal y de que si veía demasiada sangre me desmayaba.


Lo de la investigación lo descarté porque con medios tan precarios aquello no era nada fácil y el día menos pensado acababa metida en un burdel de carretera con tanto cotilleo.


Lo de miss mal, no sólo por motivos físicos, que es lo de menos, sino porque ya desde pequeña cada vez que abría la boca soltaba unos ladrillazos de la hostia. Y mira que practiqué con denuedo ante el espejo lo de:


- Rusia es una país muy grande y muy frío y está lleno de gente que seguro que es estupenda.


Sólo me salían cosas del palo de:


- ¿Pero qué cojones me estás preguntando de Rusia? Si yo lo que voy a hacer es pasearme en sujetador y bragas coño.


Lo de la oceanografía se me pasó porque me pilló en plena Movida Madrileña, y amigos, aquello no se podía desperdiciar, y resulta que para hacer dicha carrera me tenía que largar a Santander o a Canarias.


Y ni por todo el oro del moro me pierdo yo el descojono que fue Madrid en aquellos tiempos. Desde entonces no sólo me parece posible cualquier cosa, sino hasta normal. De modo que me dio por la biología.


En aquellos tiempos si le preguntabas a alguien qué era una bióloga, te decían que una presentadora de televisión con tetas de silicona.


Pero como a mí me gustaba mucho allá que me fui.


Lo de la facultad fue tremendo: huevo mil personas de 18 a 23 años, si llego a ser un tío me empalmo en la mismísima puerta de gusto. Me lo pasé genial.


Y como soy así de cachonda elegí la especialidad que llamaban Fundamental, que era básicamente Bioquímica  y Genética. Con lo que me gusta a mí cocinar.


Porque tú miras los libros y ves moléculas que se unen y se separan y reacciones químicas asombrosas, pero a la hora del laboratorio no pasas de cortar, picar y centrifugar acelgas, hacerles cromatografías, en fin. Debe ser que en el fondo guardan más similitudes con los humanos de lo que parece. Antes no lo entendía, ahora sí. Y en España las hacemos ministros.


Y descubres dos cosas:


- Que el tipo que descubrió la estructura de tal proteína estuvo haciendo esto diez años sin parar. DIEZ años para UNA proteína. Tela.


- Que para que te den una beca de investigación culinaria tienes que hacerle la pelota a demasiada gente o sacar unas notas tremendas, y yo era como de notables y a lo de ir por ahí chupando todavía no le había cogido el tranquillo.


De modo que nada más terminar la carrera directamente hice un master de electrónica y teleco, que en aquellos tiempos eran cosas mu modernas y de gran aplicación. Al menos me sirvió para pillar mi primer curro.


Después vinieron doscientos más, a cual más surrealista.


Y un buen día me cansé de tanto cambio y me dije a mí misma:


Molaría tener todo el rato el mismo curro más que nada por aquello de la organización, lo que ahora se llama pirarte de casa de tus padres.


Y mirando a mí alrededor descubrí que tenía tres primos, sí tres, que eran controladores y que iban por la vida con una sonrisa de lo más idiota en sus caras. Esa cara es la que quiero yo, pensé.


Y sin saber ni en qué coño consistía el curro, preparé los exámenes, aprobé, y aquí estoy…más o menos donde empecé: pensando en cerebros pinchados en tenedores.


To be continued…o no.

6 comentarios:

  1. non-stop with the story!

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  2. Voy a aportar mi granito de arena y de paso voy a dar una opinión sobre lo que significa clase y gran clase , ya que de aviones hablamos.

    1. Lo de Bióloga te viene, digo yo , desde que eres un ser unicelular, porque es desde entonces cuando ya venías con tarjeta de embarque de gran clase, por cierto mucho antes de ser controladora, lo que quiere decir, que ni burguesa, ni casada, sí inteligente, lixta, con una forma de ser extraordinaria, no el orgullo de mamá, sino de todos los que te queremos, porque la clase, no, la gran clase, la dan los cojones para firmar las misivas, ¡uy! que es tu blogsss y no me quiero poner nervioso. La verdad es que tengo la suerte de conocer a varias hembras alfa controladoras fuera de serie, pero es que son fuera de..... sin ser controladoras, lo de la profesión es un añadido y desde luego que son el orgullo , pero de ellas mismas. Curiosamente, como el tiempo vuelan no lo dilapidan en matrimonios que presuponen les van a solucionar la vida, ¡ menudo petardo!, tampoco son la envidia de nadie, porque creo que nadie sabe nada de sus vidas, vamos nadie que no quieran que lo sepan,sería una clara evidencia de una autoestima crujidísima....... With love thinking... Un no controlador.... Falel

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  3. Siempre me pasa mismo, con las prisas me he puesto dos echarpes. Al grano, que digo que de la neurocirugía al celebro in fork no hay una trayectoria tan kafkiana, bien, si la analizas , es perfectamente natural todos los pasos seguidos por un coco como el tuyo hasta llegar al momento " Henry, retrato de un asesino" que se avecina, preveo, o Hannibal, the cannibal, como prefieras, aunque este último era psiquiatra, no sabías que Dan Brown en uno de sus ensayos le puso a controlar aviones en España durante un gobierno socialdemócrata, luego se decidio por el mundillo de la música clássica, lástima, sino vuestras historias hubiesen sido asombrosamente parecidas ¿no?. jajajajaja

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  4. Falel,

    Como me vuelvas a decir que Dan Brown escribe ensayos te lleno la cabeza de rastas.
    El final de la historia es posible que acabe siendo el mismo.
    Me encanta la idea de invitar a los ministros a cenar sesos de ministro.
    Creo que estoy entrando en bucle...

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  5. Llevo una semana sin leerte y voy con retraso. Sí como los que provocan los controladores XDD
    Vale, es un chiste malo. Sigamos.

    Decía que, creo que, más o menos, todos hemos cambiado de profesión mil veces desde que éramos pequeños. En mi clase había uno en segundo y tercero de EGB que lo tenía clarísimo. Él quería ser Rey, aunque no fuese ni príncipe. Ahora trabaja para la Camper, introduciendo en el ordenador los diseños de los zapatos que les pasan los artistas... o algo así.

    Yo empecé queriendo ser pianista, luego médico, luego veterinaria, periodista, profesora, arqueóloga, cantante (de rock, a poder ser). Al final, acabé queriendo ser traductora de japonés o estudiar filología japonesa, pero cuando le pregunté al tío que vino a mi instituto a ayudarnos a elegir carrera, me miró con cara de bicho raro y me dijo que de eso no había nada. Así que, al final, me dispuse a hacer turismo pero me arrepentí en la cola de la matrícula y me apunté a empresariales. Craso error :) A los tres años me dijeron que en Barcelona existía la carrera de traducción de japonés y me cambié, pero suspendí el examen de ingreso a la uni y me tuve que ir a otra y hacer traducción de inglés y alemán.

    ¿Ves? No eres rara. Eres muy normal. Porque yo soy normalísima, vamos XD

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