sábado, 2 de octubre de 2010

Y yo que pensaba que los aviones volaban por donde les daba la gana

Si realmente fuese así lloverían aviones en lugar de volar en horizontal.

En aviación todo está sujeto a normas bastante estrictas.

Ya hemos comentado que el espacio aéreo tiene un montón de caminos.

¿Cómo saben los aviones por dónde van dichos caminos? Porque en el aire no se ven.

Para nosotros el cielo está lleno de puntos, que podrían ser el equivalente en tierra a los pueblos. Uno decide ir de Santurce a Bilbao, pues en el cielo también lo puede hacer, sólo que los nombres son diferentes.

Estos puntos unas veces están señalizados mediante emisoras de radio. Se llaman radioayudas y las hay de distintos tipos.

Imaginad un aparato que emite hacia el cielo su nombre en código morse (suelen ser tres letras) en una frecuencia de radio determinada. El avión lleva un aparato receptor que le permite sintonizar esa frecuencia y recibir el tal nombre.

Es lo mismo que hacéis cuando queréis sintonizar los 40 Principales, elegís la frecuencia correspondiente en el dial de vuestra radio. Si queréis oír La Ser cambiáis de frecuencia.

Pues los aviones hacen lo mismo. Hay instrumentos en la cabina que le indican al piloto su posición en todo momento en referencia a estas ayudas.

Ahora que la cosa es más moderna y hay satélites por un tubo y GPS, muchos puntos se definen mediante coordenadas, éstas se introducen en el ordenador del avión y éste va de unas coordenadas a otras sin problema.

Ahora bien, y esto es importante, ya he dicho que el avión es listo, pero no vuela solo. Cada vez que yo le cambio la ruta a un piloto o lo mando a un punto determinado porque tengo que separarlo de otro, o porque hay una tormenta o un punto congestionado o lo que sea, es el piloto el que debe cambiar la información. Incluso muchas veces son ellos mismos los que nos proponen las rutas por las que pueden volar, sobre todo si hay tormentas.

Os diré que lo de las tormentas tiene mucha tela, para ellos y para nosotros, pero esto lo dejaré para el capítulo de sorpresas, emergencias y marrones varios.

Existen otras radioayudas que utilizan los aviones para aterrizar. Se llaman ILS, que viene significando Sistema de Aterrizaje Instrumental.

Estos chismes vienen muy bien. Así a las bravas podríamos decir que son un tobogán invisible.

Una de las partes le permite al avión colocarse exactamente en línea con la pista, y el otro le da la pendiente que hay hasta el suelo.

Es como si el avión pudiese engancharse a un telesilla que lo coloca casi en la pista. Digo casi porque el que lo coloca del todo es el piloto, que es quien decide cuando ya está muy cerquita si aterriza o no dependiendo de cómo esté el viento, de que todo esté bien en ese momento en el avión, en fin, son cosas del piloto.

Quienes colocan a los aviones en el telesilla son los controladores.

Imaginad que en una hora llegan sesenta a la vez, que es lo que suele ocurrir sobre todo en horas punta y en temporada alta, nosotros tenemos que ir colocándolos a una altura y distancia determinadas para que se puedan enganchar, y no penséis que es tan sencillo, porque son muchos, van muy rápido y bastante juntos.

Y además hemos de intentar colocarlos de modo que puedan hacer su aproximación a la velocidad que toca, que puedan bajar con la antelación suficiente como para que no os ardan los tímpanos a todos, los virajes deben ser de una manera determinada también para que no se pasen de largo el telesilla, y aquí el viento os aseguro que juega muy malas pasadas.

Creo que en los siguientes posts os voy a contar un vuelo de principio a fin, que con ejemplos es como mejor se entienden las cosas.

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