lunes, 11 de octubre de 2010

¿Y por qué coño me ha tocado a mí ser una jodida chica?





Es durísimo, de verdad. Manda huevos que controle aviones por un tubo y no pueda con el resto.

Esto lo escribo más que nada por mantener una cierta coherencia argumental ya que se supone que el blog va de control aéreo y esto no tiene nada que ver.

He tenido que salir del restaurante con los pies metidos ¡en dos bolsas del Pryca! que me ha prestado muy amablemente el camarero al ver mi cara de consternación ante el diluvio universal y mis monísimas sandalias…de ante.

Y soy la reina del glamour coño.

Para más INRI he dejado aparcado el coche en el quinto carallo.

La lámpara de mi escritorio está lánguida total y se me cae en la cara todo el rato.

Le he apretado los tornillos, le he metido doce clips en los sitios más asombrosos y no hay manera. No sé si desmontarla y meterle una Viagra.

Llevo ya tres lavadoras y me revienta ponerlas. También es verdad que hacía falta, porque estoy yendo al gimnasio con mallas de cuando era pequeña de modo que ya paso de todo, me pongo un cinturón y unos días parezco Marta Sánchez en sus comienzos y otros la Terremoto de Alcorcón.

Como tengo este cerebro, me ha dado por hacer una purificación zen de mi nevera y he decidido no comprar nada hasta que se vacíe del todo. El otro día descongelé una carne que se ha mudado conmigo de casa tres veces. El día menos pensado acabo en urgencias, pero os diré que llevo sin hacer la compra como seis meses y esto sí que mola.

Lo bonito que tiene estar demenciada es que puedes hacer cantidad de gilipolleces con toda la calma y encima con certificado médico.

Para quitarme la neura me ha dado por el petit point.

Creo que mi autoestima es inversamente proporcional a mi cociente intelectual.

Me metí en Internet, encontré una tía de Arkansas o por ahí que hacía unos patrones divinos tipo tatuaje carcelario de esos con sirenas, corazones, calaveras y todo el arsenal, porque no pensaréis que una menda como yo va a coser conejitos o botes de miel u hostias del estilito.

Empezamos con el fetish point.

Cuando llegaron los patrones se me cayeron los dientes.

Una de mis mejores amigas que es divina pero un poquito zorra, me dijo que si ahora me había dado por el fetish point extreme cuando le expliqué cómo eran.

Todavía no, le contesté, extreme va a ser cuando tenga que explicarle a Doña Margalida que necesito el Purple Rain nº seis, el Call Me Baby nº 12, el Blue Oceans nº 43 y todo así.

Decidí tomar por lo menos una clase.

Válgame la Virgen de la Macarena. Incluso la Virgen, la que quede.

La dureza del asunto ya va con la escala de Mohs.

No veía nada, hay que contar como una perra, los cuadrados de la tela son diminutos y todos blancos. Iba con una amiga más joven que yo y perfectamente pedorra que me descentraba cada diez segundos soltándome chorradas para que no pudiera contar. No te jode, como ella ve.

Un infierno. Lo he aparcado temporalmente hasta que logre encontrar una lupa como las que usan los del CSI, que conocí el otro día una tía en un evento (me chifla este nombre tan idiota), que me dijo que ahora las hacen para coser.

Me anima…pero poco.

La misma tía me contó, ya veis, cosas de chicas, que su marido era San Pollón y que tenía muchos problemas. Le insinué, desde el cariño obviamente y sin malicia ninguna, que me lo pasase a mí.

Seguro que si fuese un tío jamás me contarían esto. Claro que tampoco haría petit point.

Ahora toca la Blackberry que me acaban de regalar.

Para que os hagáis una idea, hace unos meses me dieron a cambio de mis puntos telefónicos una bonita agenda electrónica.

Después de dejarme los huevos copié mis turnos de un mes entero…en un solo día. Jooooooder.

Y encima iba yo indignadísima porque el palito de darle a la pantalla iba suelto y la madre que los parió, era muy fácil perderlo.

Al final me rendí y se la regalé a mi amiga la que ve. Y damas y caballeros, lo primero que hace es sacar el palito que había metido dentro de la agenda. O sea, que me había pasado una semana dándole con el de repuesto.

Pues ahora me explicáis qué cojones voy a hacer con la Raspberry.

Como mi baja dure mucho tiempo acabaré prefiriendo volver a controlar. Incluso talar pinos en Alaska, seguro que es más fácil.

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