jueves, 14 de octubre de 2010

La culpa es de los astros

Enseguida entenderéis el porqué.

Yo no sé si normalmente se hace esto de contestar a los comentarios en un post, pero como que el blog es mío y hago lo que quiero, allá que voy.

El día de mi cumpleaños siempre ha sido curioso. Me pasa de tó.

El primer gran evento fue que mi madre me informó justo ese día de que había aprobado los exámenes para ingresar en control. Esto tuvo mucha coña.

Curraba yo en un antro, que también se merece un post y lo tendréis, en el que atendía tropecientos teléfonos a la vez.

Tenía un taco tremendo y suena uno de ellos. Al otro lado…mi madre.

- Hija, que tengo que contarte una cosa.

- Ahora no puedo mamá, te llamo yo.

Cuelgo.

Otra vez:

- Pero hija…

- Mamá coño, que no puedo.

Cuelgo.

Tercera vez, ya no se anda por las ramas y va a saco:

- Has aprobado el exameeeeeeeeeeeeeen.

Les colgué a todos los demás.

Lo acojonante del caso es que cuando le dije a mi jefe que fuese buscando sustituto para mí porque me iría en unos meses puso la misma cara que si me hubiera convertido en ET, lo que me lleva a pensar que o yo tengo mucha cara de idiota o él realmente lo era.

Lástima, dijo, justo ahora que te acabo de aumentar el sueldo…dos mil pelas me lo subió.

El segundo gran evento se produjo cuando cumplí cuarenta castañas y me auto-regalé un viajecito a Maldivas de tres semanas enteras buceando no sé si para celebrarlo o intentar esquivarlo, aquí debería opinar personal más cualificado que yo. El caso es que me lo pasé de puta madre y volví a casa hecha un marine, que menudas corrientes hay, joder.

El tercero consistió en que me operaron de una hernia de disco en el cuello y me pusieron una prótesis de titanio en su lugar. Estáis hablando con una mujer biónica. Acojona ¿eh?

Ya le expliqué muy seria al cirujano que yo era una chica y que además era mi cumpleaños, así que o me dejaba una cicatriz mona o le cortaba las pelotas con su propio bisturí.

Me dejó una cicatriz invisible…y dos horas anestesiada porque les faltaba media prótesis y operaron a otra paciente mientras yo estaba sobando en una esquina del quirófano. Mis pobres padres hicieron un surco en el suelo de la sala de espera de tanto ir y venir.

El cuarto fue el decretazo de marras. Un regalito genial. Prefiero los Bulgaris por goleada, al menos vienen con amor, y no envenenados como los del ministro.

A ver este año qué me cae.

Mi asistenta es un prodigio, sobre todo de organización. Yo dejo una pila de ropa tirada en el suelo, y cuando vuelvo está perfectamente doblada…en la misma posición.

He repetido el experimento en la mesa, en el sofá, en la encimera de la cocina. El resultado es siempre el mismo. Me descojono.

Soy una zorra, lo sé, no está bien experimentar con seres humanos.

El otro día le dije (llevamos juntas cuatro años o así):

- Magda cariño, si ves ropa tirada por ahí no me parece mal que la coloques en su sitio.

Desde entonces lo hace. Me chifla esta mujer.

Habla español más o menos cero, de modo que cada vez que le tengo que explicar algo recurro a su hija de nueve años, que habla cojonudamente inglés, catalán, castellano y búlgaro. La verdad es que nos apañamos bien.

Lo de los libros merece un capítulo aparte.

Soy adicta, lo confieso. Aunque si os digo lo que leo me retiráis el saludo.

Ayer compré el último de Martin Amis, en inglés, que es cómo hay que leer a este hombre. Es tremendo, siempre elige la palabra exacta, perfecta, es increíble lo bien que escribe este tipo. Otro sobre perfiles de asesinos en serie, que como ya dije en cierta ocasión, me ayudan a entender mejor a mis novios, y otro que me chifla. Mirad qué título: “Fiambres, la fascinante vida de los cadáveres.”

Con esto de la lectura también me han pasado cosas cachondas, como el día que me preguntaron, para mi consternación, que si el libro que llevaba en ese momento en el bolso también estaba escrito en inglés por dentro…Comments are closed.

O como el día que triunfé en el mundialmente famoso reportaje “Mujeres españolas y sus bolsos”. Ya os lo contaré.

A Yavextú le recomiendo si no se lo ha leído ya al querido John Berger.

Tiene una trilogía llamada Tierra que te pone los pelos de punta.

Habla de montañas, de la vida en el campo, pero este hombre tiene una forma realmente especial de ver el mundo. Es acojonante.

Y a Fernando Iwasaki. Aunque yo también creo que los libros te buscan a ti más que tú a ellos. Y que hay un momento para cada libro, que otros van y vuelven, y que afortunadamente, muchos se quedan para siempre.

Ahora persigo “La intimidad como espectáculo” y no hay manera. Y algo de sitio para poner los libros, que tengo más que muebles.

La verdad es que si quito los libros y las plantas vivo en un garaje, porque muebles tengo tres. Bueno, y los modelitos, pa que os voy a engañar.

Y en efecto, mi asistenta es un amor. Si hasta me devuelve la pasta con cara de ayayayayyyyy cada vez que se me va la olla y le pago dos veces, que me pasa continuamente. Una pel-la esta mujer.

La Reina de Inglaterra debe ir con plutonio Sugrañes. No para ni con tormenta. Te digo yo que si patentamos el mecanismo para un ventilador nos forramos.

Me tengo que pirar majetes…con diox.

4 comentarios:

  1. Cristina éste es el post más aburguesado que has publicado hasta el momento, recuerda que para atraer la empatía del personal no puedes maltratar a la chacha... La vas a terminar de subir al altar de los héroes anónimos, esos que al final te roban el primer plano...

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  2. Perdona pero servidora tiene el master de lavado, planchado de pantalones con raya, fregona, cocina niquelada y toda la hostia. Hasta coso botones.
    Ya te digo que lo que no entiendo es cómo coño no me caso.
    A ver si te crees que yo he nacido controlando ;-)
    Precisamente porque sé lo que es aprecio el curro de esta mujer en lo que vale. Y aunque no te lo creas ella también aprecia mi curro en lo que vale, porque sin él mío ella no tendría el suyo.
    Vale que hago algún exeprimento, pero la tengo más mimada que la hostia. Curra a su bola porque ya es mayorcita y no le pego el coñazo, le pago un mes de vacaciones, le pago cuando me voy de viaje y sé que no la rasca.
    A cambio ella viene espontáneamente cada vez que hay una tormenta y yo no estoy por si pasa algo en casa. Y me trae los Bulgaris. Pa no mimarla, vamos.
    Y lo más cachondo de todo es que ella es muy delgada, de modo que le regalé toda la ropa que me compré cuando estuve en Barcelona, que adelgacé doce kilos. Le queda guay. Ahora somos clónicas. Parecemos las hermanas Garse.

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  3. Me he partido con tu
    "Me dejó una cicatriz invisible…y dos horas anestesiada porque les faltaba media prótesis y operaron a otra paciente mientras yo estaba sobando en una esquina del quirófano. Mis pobres padres hicieron un surco en el suelo de la sala de espera de tanto ir y venir"
    Me he puesto a reír yo sola, mientras miraba una peli con mi novio (bueno, a la peli no la atendía demasiado) y el tío que no entendía por qué me partía tanto el culo cuando en la peli había una explosión...

    EN fin, que aún me río y me duelen los mofletes, porque te he imaginado con la baba colgando en una camilla de un quirófano (con el camisón ese que se te ve el culo, solo que a ti sí que se te veía, y eso que estabas boca-arriba), y tus padres al otro lado de la pared caminando de un lado a otro y creando los surcos...

    Es que tengo muy buena imaginación... Creo que es por eso que tengo tantos sueños... Un día escribiré un blog con mi colección de sueños :)

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  4. Curri cariño,
    Lo de la baba es un golpe bajo, que lo sepas, una tiene su caché joder.
    Lo del camisón de marras debería estar prohibido por la Convención de Ginebra.
    Va en la misma categoría que cuando la enfermera del ginecólogo te dice: puedes dejarte los calcetines puestos...ni de coña.
    Eso se lo dejo a los tíos, que no sé si os habéis fijado, siempre se quitan los pantalones antes que los calcetines, aissss, duele muchísimo verlos.
    Y las dos horitas tostada me dejaron un dolor de espalda, que cuando desperté de la anestesia mis primeras palabras de agradecimiento al médico que me miraba fueron:
    Pónme calmantes ya mismo cabrón.

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