martes, 12 de octubre de 2010

Hombres



Hoy he amanecido pensando que es uno de los raros días en que echo de menos a mi lado a un hombre fuerte, salvaje, sudoroso, de esos con pinta de mala bestia que te mira y te dice:

- Tranquila nena, todo va a ir bien, estoy aquí para protegerte, porque para eso soy…el cristalero.

Como en las películas americanas, que se pasan el día protegiendo a sus familias y a su país, y hay un montón de fracasados, que supongo que son los que aquí hacemos jefes y hasta presidentes del gobierno.

Se me está cayendo la casa encima de los cuernos señores. No la casa, sino MI casa.

Y todos los años lo mismo. Debería haberme acostumbrado ya, pero no.

Vivir aquí empieza a ser como tener un síndrome de Diógenes incipiente, porque seguro que vosotros no acabáis de tapar un agujero de la pared con un tapón de silicona para los oídos, ni tenéis toallas a los pies de las ventanas ni bayetas en los carriles, porque sí, son correderas.

Tampoco saltáis sobre los palos que apuntalan mi pared para ir al vestidor. Vestidor porque leo revistas de decoración y de diseño. La peña menos cursi lo llama armario. También cuelgan cuadros, mientras que yo realizo intervenciones artísticas sobre espacios verticales singulares.

Porque seguro que no se os ha pasado ni remotamente por el cerebro vivir en un puto piso doce en un edificio del año de la polca, por el que pasan todas las tormentas de Ses Illes. Y encima las ves con todo detalle, que cada vez que cae un rayo se me pone la casa blanca como en los dibujos animados cuando le hacen una radiografía al Pato Lucas.

Yo la he bautizado cariñosamente como 13 Rue del Percebe por la fascinante fauna que cohabita conmigo. Creo que españoles somos seis y haciendo conmigo la media ésta sale en unas 65 castañas. Os hablo de un edificio de 90 apartamentos, que se dice rapidito. Tenemos aquí más variedad que en los barrios de París. Me encanta.

Si llego a saber a tiempo que ganaba 360.000 euros al año me habría fabricado un búnker, lástima que ni me enteré.

Además me hubiera perdido a mis vecinos, que me están enseñando un montón de cosas que ni sabía que existían, por ejemplo, puedes cabrearte con tu pareja, quemarle la moto y con ella medio garaje, seis motos más, un par de coches y el cable de la luz de todo el lado derecho del edificio.

Esto me lo perdí, menos mal, porque estaba fuera y había dejado el coche aparcado en el curro, pero según me dijeron fue conmovedor ver cómo todos los vecinos formaron una hermosa cadena de solidaridad en la que los del lado izquierdo llenaron sus neveras con las vituallas de los del lado derecho.

Este evento tan tierno se produjo inmediatamente después de que forrasen a hostias y echasen del edificio a la parejita en cuestión.

También fue relindo ver a la dueña del pisito de la pareja de pirómanos de los cojones fregando el garaje un mes entero sin parar en señal de arrepentimiento e intentando básicamente que no la echasen del edificio a ella también.

¿Y qué tiene todo esto que ver con el control?

Pues mucho, porque fijaos qué risa.

Esta primavera pasó por aquí la mundial en forma de la tormenta del Día del Juicio Final, que arrancó los techos de los almacenes de los polígonos, pinos a mogollón, palmeras, y todo lo que se le puso por delante.

Vientos de entre sesenta y ochenta kilómetros por hora soplando sin parar durante ocho putas horas enteras. Os digo desde ya que lo del cambio climático va a acabar fatal.

Normalmente la cosa va rapidita, dura veinte minutos y luego sacas el mocho y recompones el asunto.

Aquella vez no. Empecé a brincar de un lado a otro a las cuatro de la mañana, lanzando trapos, toallas, sábanas. Ni pa dios.

A eso de las ocho me quedé hechizada mirando como se movían no las ventanas, que es lo normal, sino la pared.

Os puedo decir que es una visión absolutamente espeluznante.

Como no tenía muy claro que hacer, pensé. Me bajo al bar. Me estoy poniendo cardiaca.

Al final se impuso el sentido común, llamé a un amigo que flipó nada más ver aquello, es más, se le salieron los ojos de la cara, lo que provocó en mí un ataque de nervios fulminante y se abalanzó sobre los cajones de mi armario y mientras lanzaba la ropa al aire aullaba: ¡trae libros, todos los que puedas!

Menos mal que tengo cientos.

Luego me llevó a Leroy Merlin a comprar estacas de madera porque apuntalar con libros y cajones a la larga no fuciona y encima se mojan los libros, que ya me jode.

Lo que se llama una cita romántica en toda regla, menos mal que ya habíamos sido novios el año anterior porque la verdad es que así no hay quien te conquiste.

Y desde entonces vivo en Sarajevo.

He estado persiguiendo todo el verano a mi arquitecto, en parte porque está buenísimo y en parte porque es amigo del único cristalero capaz de arreglar esta movida sin cambiar todas las ventanas porque señores, hablamos de veintiún metros de cristal de dos metros de alto.

Vivo en una casa de cristal, sí. Y os aviso, sigo sin ser millonaria, que para lograr lo que llaman un loft de diseño sólo tienes que acristalar la terraza y tirar todo lo que hay detrás. Más barato imposible. Así me va.

El caso es que después de una ardua persecución logré quedar simultáneamente con el arquitecto y el cristalero, que dicen que no hay curro pero estos dos no paran, la bonita mañana que me tuve que pasar durmiendo porque el día anterior me tuve que ir del curro tan reventada que ni veía los aviones.

No me digáis que no tiene bemoles.

Hasta el momento mis turnitos ya me han jodido el buceo, las ventanas, el sueldo, los nervios, el sueño, el karma, las vacaciones, y tengo dos juicios pendientes.

Ha parado un rato de llover…menos mal.

El mar tiene un color divino y hoy en Palma tenemos en servicio la pista 06.

Ya os lo comenté antes: "A mal tiempo...06"

Unos besos para mis compis, que hoy lo van a pasar genial...

3 comentarios:

  1. Buenos días...
    si te consuela...yo también tengo toallas detrás de las puertas, sí, aquí en Palma ha caído la de dios!
    Y que tu casa se te cae (literalmente) encima...no pasa nada mujer!!! a mí mi excelentísimo menistro me enseñó a conformarme...mira tú que los útlimos 15 años de los 25 que tengo he vivido con el objetivo de ser controladora y ahora, con los tiempos que corren...intentaré trabajar en la cafetería. Menudo cabrón

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  2. Hazte controladora si te gusta, el curro mola mogollón. Eso sí, procura que no te contraten en España...
    Yo es que lo de conformarme no lo acabo de llevar, debe ser porque llevo los últimos 45 años de los 45 que tengo sin hacerlo y ya sabes que a estas alturas la peña no cambia...
    Menudo cabrón también. Estoy de acuerdo.

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  3. En eso estamos...creo que he rellenado los formularios de toda europa...a ver...igual suena la flauta, eso sí, aquí nada de nada, a ver si la peña se cree que voy a "invertir" 70 mil así como así, para eso...me los juego al euromillón...me da más esperanzas...
    "Feliz Hispanidad"

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