sábado, 2 de octubre de 2010

Veamos un vuelo Palma Valencia mismamente: de casa al aeropuerto, ahí es nada

Como estoy de mejor humor y creo firmemente que enseñar divirtiendo es muchísimo mejor, os voy a contar un chascarrillo.

Con él lo que quiero que entendáis es que, para empezar a volar, primero hay que llegar al aeropuerto, y no es tan fácil como parece.


Llevaba yo un tiempo chateando (eso que todo dios hace pero nadie reconoce), con el que sería uno de los hombres de mis sueños (por poco tiempo pero lo fue) y llegó el momento de ¡por fin! encontrarnos en vivo y en directo.

El día de autos estaba yo histérica perdida, decidida a arrasar o
morir.

Me fui a Prada (en rebajas, menos mal), me compré un modelo elegante a la par que discreto y, no voy a mentir, de auténtica zorra. Una falda negra ceñidísima que me quedaba como un guante y un jersey igual de ajustado con transparencias en los sitios justos.

Añadí al lote un conjunto de ropa interior diminuto pero carísimo (algo así como los pisos en Barcelona) y unos tacones de doce centímetros.

Como estaba francamente pálida completé el equipo un autobronceador de competición.

Me fui a una peluquería y salí sin un solo pelo en el cuerpo y peinada
como una reina.

Hasta aquí todo bien.

Me siento en el baño a leer las instrucciones del bronceador, casi
nada: te duchas, te aplicas un exfoliante para que no te queden
manchas de distintos tonos, te echas crema hidratante, te pones unos
guantes de látex para que no se te queden las palmas de las manos como a Kunta Kinte y te pringas de forma homogénea. Parece una operación sencilla peeeero...

Para empezar, lo de la exfoliación recién depilada no es de lo más
apetecible. Te pone el cuerpo como a cincuenta grados y entonces
empiezas a sudar, con lo que lo de la crema hidratante es un desastre.

En medio de este caos intentas aplicar de forma "homogénea" el tal
bronceador y lo que consigues son unos churretes de muerte...con el
agravante de que si no te das prisa en corregir el desaguisado te lo
vas a llevar puesto.

La perspectiva te estresa mogollón con lo que sudas más. Para qué os voy a contar. Y no hablemos de la espalda...

A estas alturas ya llevaba yo un rato largo preguntándome cómo coño se puede ser tan golfa y por qué me meto en estos berenjenales...

Razonablemente superada la prueba del baño, pasamos al vestuario.

Hago aquí un inciso para comentarle al distinguido público que una va
en vaqueros y zapatillas a casi todas partes.

Me pongo el modelo...bien (era bastante elástico como quien dice).

Me subo a los tacones...casi me abro la cabeza porque tenían muy poca
piel, mucha punta y unas cintas preciosas pero increíblemente poco
eficientes a la hora de sujetar el pie.

Decido que necesito unas prácticas rápidas para no parecer el pato Lucas y me recorro el pasillo doscientas veces intentando emular a Linda Evangelista.

A estas alturas ya tengo una crisis de oligofrenia más que respetable
y estoy colgada del móvil hablando con un amigo que no para de repetir que yo valgo mucho y que yo puedo mientras yo aúllo que ni de coña y que no voy a ninguna parte.

Finalmente salgo más o menos airosa a la calle y dejo muertos a todos
los transeúntes porque, damas y caballeros, eran las cinco de la
tarde. Y servidora vestida de Lady Di.

Pero como voy montada en los tacones y soy muy recia cuando me pongo, los ignoro, me monto en el coche y salgo pitando para el aeropuerto.

Es uno de los inconvenientes de vivir en Mallorca...hay que salir en
avión...

Aprovecho para comentar que el aeropuerto de Palma está fatal parido y tiene kilómetros de ¡RAMPAS!.

Con tanto perendengue me he retrasado y nada más entrar oigo que mi
vuelo ya está acabando de embarcar...en la otra punta del
aeropuerto...

Pulverizo todos los récords mundiales de patinaje sobre tacones en la
categoría de máxima dificultad y llego a la jardinera con media falda
subida, jadeante y un tanto desgreñada...eso sí, muy digna.

Al llegar al avión dejo a todo el mundo flipado a la par que
intrigadísimo pensando si seré un travesti o similar porque montada en los tacones los armaritos de las maletas me quedan a la altura de la
nariz y porque ya estaban toditos sentados en sus asientos...

En fin...la moraleja de toda esta historia es triple: los tacones son
maravillosos pero se necesita carné para llevarlos... hay que ver lo
pendones que podemos llegar a ser las tías cuando nos ponemos y tres, los controladores somos tan malvados que retrasamos los aviones hasta cuando no trabajamos.


Poniéndome un poco más seria, supongo que todos habréis pasado por esto: el momento “pasajero que no aparece” porque le pasa lo que a mí, o pilla un atasco de muerte camino del aeropuerto, o se está volviendo loco en el duty free, o ha ligado en la tienda de Aldeasa, o le han cambiado la puerta de embarque y se ha quedado en la antigua, o es la primera vez que usa la T4 de Barajas y aún no sabe que del control de seguridad a su puerta de embarque hay 45 minutos andando…

Este fenómeno se puede producir en una variante mucho peor, y es que el pasajero no aparece ni siquiera tarde y hay que vaciar las bodegas del avión hasta dar con su maleta por si lleva una bomba.

Si tienes mucha suerte su maleta estará de las primeras, pero como el Genio de la Mala Leche no descansa, normalmente toca vaciar media bodega para encontrarla.

Con esto quiero decir que las causas de los retrasos que todos achacáis a control son muchas y muy variadas, unas dependen de los pasajeros, otras de las compañías, otras de los aviones, otras del aeropuerto, otras de la meteorología, pero os aseguro que son poquísimas las veces que la culpa es de los controladores o de los pilotos. Ya iréis viendo.

6 comentarios:

  1. Llegado al negro talud mi procesador perdió velocidad, el tema se complicó con los elementos traslúcidos y los bienes inmuebles amenazaron colgar el sistema. Lamento decirle que bastaron 4,7 pulgadas como puntilla final: no he podido entender nada más. Mientras me reinicio con un cántico enclaustrado sobre ESM de Guido Aglialtri, espero febril su próxima exégesis.

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  2. Es lo que pasa cuando brujulean los borogobios, pero no te dejes arrastrar. Persevera y entenderás.
    Yo a veces también monto mi yegua merina de karma chungo por pasajes incendiados submarinos. Oigo caras, veo voces.
    Es posible que tengas uno tersero ojo que te esté jugando una mala pasada.
    El arcano de la semana es el As de Bastos.
    Deja de ver la tele y verás como se te quita en un pis pas.
    Güelcom tu Tijuana.

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  3. Escribes sencillamente genial... Si algún dia dejas el azaroso gremio al que perteneces, te veo un futuro muy prometedor, pluma en ristre...

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  4. A estas alturas solo faltaria el tequila y la marijuana...

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  5. Si controlas tan bien los aviones como la pluma seguro que eres una mujer de éxito. Muy divertido y instructivo. He empezado a leerlo hace poco y voy leyendo por capítulos.

    Felicitats per aquest blog.

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