miércoles, 22 de septiembre de 2010

Todo comenzó así...

Os pondré en antecedentes.

Un buen día el director del aeropuerto, en un ataque de iluminación sin parangón en la historia de la electricidad decidió poner unos badenes de tamaño familiar en la carretera de acceso al curro que van de pinga para los tanques, pero para los turismos normales son una putada enorme.

Y te comes unos ocho a la ida y los mismos a la vuelta.

Otro buen día de nuevo una lumbrera inspirada cambió la garita de la entrada de sitio y puso unas bonitas vallas nuevas por sorpresa.

Y para completar el cuadro, antes una parte de la gente que trabajaba por la noche se iba a casa cuando terminaba su turno a eso de las cuatro de la mañana.

Decidieron obligar a todos a dormir allí, a pesar de que los que hacían la primera parte de la noche no podían trabajar más por ley, claro que de lo que se trataba era de joder de modo que les dio igual, y se encontraron con que no tenían camas suficientes.

En aquel momento empecé a escribir...

A follar, a follar, que el mundo se va a acabar...

Y las camas. Estoy elaborando un par de propuestas interesantes sobre este punto:

Una: servidora no comparte con tipos casados o que ronquen.

Dos: ahora que todos tenéis portátil podemos filmar unos vídeos caseros cuya venta nos permita ayudar a Aena a compensar el déficit que le provocan nuestros sueldos. Que no se diga que no arrimamos lo que haya que arrimar en los malos momentos.

Creo que me estoy despistando. Veamos. Hoy quiero hablar de Fort Knox aka el Penal de Sing Sing. Todavía no he decidido el nombre. Si queréis hacemos una votación.

Lo del penal viene por aquello de algún miembro pequeño de Aena ¿o se dice menor?, tanto hablar en mallorquín me está dejando el castellano hecho polvo, ha decretado que no podemos salir a estirar las piernas ni a la terminal del aeropuerto en nuestro período de descanso. 

Ahora cuando voy a trabajar tengo la misma sensación que cuando de pequeña le prendí fuego a mi abuela y me metieron durante unos años en un sitio en el que me daban de comer por una rendija.

Lo de Fort Knox es porque estoy hasta el mismísimo fondo del propio tesorito del numerito de la tarjeta. Y todo para ser los mismos de siempre.

De los badenes de los huevos también, que mi coche tiene suspensión deportiva y ya me voy notando la prótesis del cuello cada vez más cerca de la rótula.

Sigo. Yo llego a trabajar cada día, cantando a grito pelado canciones folclóricas, como por ejemplo la de la Bien Pagá.

Con el entusiasmo se me olvida la barrera, pego un frenazo de la hostia, crujo el retrovisor contra el lector ese tan mono, busco la tarjeta en el bolso, tardo diez minutos enteros (otro día os hablo de todo lo que puede llegar a caber en un bolso de chica), la paso y al ir a arrancar veo que o dejo allí mismo el retrovisor o me llevo puesto el lector.

Otros diez minutos de gestión de problema con la inestimable ayuda de nuestros chicos de seguridad, que según me han contado ya tienen práctica en esto puesto que, entre pitos y flautas, se han llevado puesta la barrera catorce veces desde que la pusieron.

Aparco donde coño puedo, que la cosa cada día está más peluda. Entre los sitios vetados por Aena y los vetados por las palomas, voy a empezar a ensayar el aparcamiento vertical o con condón gigante.

Llego a la puerta con el bolso en una mano, la chupa en la otra, el portátil colgando del hombro, el trivial, el ipod y la tarjeta en modo collar.
 
Saco la tarjeta con los dientes mientras el de seguridad me sujeta la funda de plástico para poder completar con éxito la maniobra, pulso f1 tres veces porque llevo las uñas demasiado largas y entro.

Cojo el ascensor, voy a mi taquilla y al kit anterior le añado los cascos, las gafas de ver aviones y la botellita de agua. Y cuando voy a entrar en la sala se cierra la puerta y el enésimo-lector-de-puta-tarjeta está exactamente a la altura de mis cuernos.

Dejo todo el bacalao en el suelo, paso la tarjeta, se abre la puerta...y para cuando he recogido mis cosas del suelo se ha vuelto a cerrar ya.

Menos mal que entonces pasa el famoso compañero que pone un folio en la parte de arriba y se abre la puerta.

Todo esto está provocando en mí un estado de predemencia que hace que lleve ya varios días buscando durante mi período de descanso, obviamente, un menda que me fabrique una polla voladora como la que le enchufaron a Kasparov. El que no sepa de que hablo que ponga en YouTube "pene volador Kasparov".

Mi intención es adivinar de quién ha sido la idea del encierro y ponerle este invento detrás durante toda su jornada laboral.

Quizás pueda dotarlo de un detector de feromonas para que le persiga sólo a él.

En fin, sólo quería compartir con vosotros estas reflexiones matutinas y transmitiros mi felicidad porque hoy, trabajo de tarde.

6 comentarios:

  1. Si con esas palabras te cuento mi comienzo de jornada laboral en un centro comercial... lo mismo tambien doy pena....

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  2. Por favor Cristina, me gustaría comentases lo que te envío, con todo el respeto hacia tu profesión, valorando el tono inicial de tu blog, pero sin estar de acuerdo en el cariz que ha tomado estos últimos días y que te aseguro estoy intentando entender leyéndome parte de los BOEs, de vuestro primer convenio y las entradas iniciales del blog:
    1.Me parece lógico que la gente que a las 4 de la mañana termina "sus horas de trabajo" se tenga que quedar en el control porque entiendo que todavía está en su turno ( si bien en sus horas de descanso), pero si algún controlador se encuentra indispuesto es mejor despertar al que está descansando al lado ( qu digo yo que no dirá "a mí no me corresponde") que esperar a que venga uno de casa. Como tú misma dices, a veces hay que resolver situaciones con rapidez, con tanta , que al controlador que viene de cas no le da tiempo a llegar.

    2.Y respecto a otro de tus post: si AENA os pidió hace años que trabajarois más a cambio de consolidar vuestros complementos, y lo aceptastéis , ahí cometéis el mismo error que achacaís al resto de trabajadores.Si hacer más horas disminuye la seguridad, también la disminuía entonces. Empezar a aceptar horarios "excesivos" a cambio de algunos beneficios o contrapartidas implica que luego es difícil poner un límite.

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  3. Porqué no publicáis las cartas de AENA felicitandoos por vuestra labor haciendo horas extras? así se sabría que no es un asunto de dinero lo que os interesa, sino que fue AENA la que no se molestó en formar a más gente, la que estuvo de acuerdo en que currárais más horas y en pagaros. En pocas palabras, demostraría q la situación es como decís!

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  4. jaaaajajajaaaaaajaaaajajajajjj que me meo toaaaaa jajajaja. Ufff, me estoy quitando las lágrimas de risa para poder escribir snaaaaaafff. La mejor parte del día es cuando puedo leer tu blog (va por partes que con dos peques , la casa y el curro...)y descargo todas mis frustraciones riendome... Gracias Cristina por estos momento impagables, smoooccc.

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  5. Anónimo del año de la polca:
    Pa que nos entendamos. Si un tío no puede currar más es que no puede hacerlo, no es que esté descansando.
    En el curro hay gente suficiente como para despertar a otro, sobre todo porque aunque despertases al primero no podría trabajar. No sé si me explico.
    Y que uno se vaya a casa no implica que el otro venga de la suya. El primero se larga, el siguiente está en el curro desde las diez.

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